El sinsentido del voto de castigo

La voz de Galicia 

E l sufragio es un derecho reconocido en la Constitución para poder participar en los asuntos públicos a través de los representantes libremente elegidos en elecciones periódicas. El acto político por excelencia en el que se ejercita tal derecho es el de la elección de los diputados del Congreso o de los miembros de los Parlamentos de las comunidades autónomas, lo que tiene lugar, como dice nuestra Carta Magna, mediante «sufragio universal, libre, igual, directo y secreto». Desde un punto de vista instrumental, el voto se deposita con el fin de que cada ciudadano pueda elegir al partido que mejor represente su voluntad en orden a la participación política.

De lo que antecede se desprende que el voto, tal y como está concebido en la Constitución, tiene un sentido positivo o de utilidad, o si se prefiere, de responsabilidad, en la medida en que se trata de que cada elector escoja la formación mejor preparada para ejecutar el programa que más se aproxima a su manera de concebir la actuación política.

Sin embargo, el hecho de que el sufragio sea libre y secreto permite al votante adoptar la postura que desee, incluida la más irresponsable. En efecto, la libertad de voto le permite hacer lo que quiera con él, incluso abstenerse de emitirlo, y hace posible que la decisión de cada elector tenga como fundamento cualquier razonamiento, inclusive la sinrazón. Por su parte, el secreto del voto es el que hace posible la verdadera libertad de decisión, hasta la más descabellada, ya que no se sabe el sentido del voto ni tiene que dar explicación alguna sobre este.

Viene todo lo anterior a cuento porque los residentes en Galicia han sido convocados el próximo 21 de este mes a elegir a sus parlamentarios y no faltan los que pronostican unos resultados electorales que parecen apuntar más en la dirección de un voto de castigo al partido que gobierna en España que a una elección estudiada y responsable de las opciones que le ofrecen los partidos para resolver los problemas de Galicia. Es verdad que el partido en el Gobierno es el responsable último de la situación de malestar de los ciudadanos a nivel nacional. Pero también lo es que se van a elegir a los futuros gobernantes, no de España, sino de Galicia. Pues bien, una conducta responsable democráticamente obliga al votante del próximo día 21 a efectuar un análisis, por mínimo que sea, de lo que es imputable al Gobierno de la nación y lo que hay que poner en el balance, ya sea en el activo, ya en el pasivo, del que ha sido el Gobierno de Galicia.

Precisamente porque la Constitución no exige, acertadamente, que el sufragio haya de ser responsable, votar airadamente contra una formación haciéndolo a favor de otra con cuya ideología no se comulga es plenamente democrático. Pero ha de añadirse que no por eso deja de revelar cierta irresponsabilidad política que acaba por perjudicar al propio votante. El deseo del votante de castigar la mala gestión en el plano nacional y de votar al adversario para castigar al partido que ha gobernado bien a nivel autonómico recuerda al recluta que no come el rancho para fastidiar al capitán.

José Manuel Otero Lastres

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