Urdangarin y la república

La Voz de Galicia

En La Voz del pasado 25 de febrero se publicaban unas declaraciones de Cayo Lara, de Izquierda Unida, en las que decía que Iñaki Urdangarin «está haciendo más por la república que lo que hemos hecho muchos a lo largo del tiempo». Y más recientemente una encuesta de Sondaxe revelaba que la mayoría de los gallegos opinan que la conducta de Urdangarin perjudica a la monarquía. Creo que si se analizan más detenidamente las cosas se verá que no hay que hacer responsable indefectiblemente a la monarquía española de lo que haya hecho el señor Urdangarin.

En efecto, la primera inexactitud de la tesis de que la actuación de Urdangarin beneficia a la república es ligar indefectiblemente a este ciudadano con la monarquía. Es verdad que está casado desde el 4 de octubre de 1997 con la infanta Cristina de Borbón y que, por razón del matrimonio, es duque consorte de Palma. Pero con anterioridad a su boda nada ha trascendido públicamente sobre sus preferencias personales entre monarquía o república, ni tampoco sobre las que posee actualmente. Es probable que sea monárquico, pero tampoco sería extraño que fuese republicano: no es infrecuente que los cónyuges mantengan posturas diferentes sobre la forma de Estado. Y por si lo que hace que Urdangarin sea monárquico es su matrimonio, ¿qué sucedería si la pareja llegara a divorciarse? ¿Seguiría siendo monárquico a pesar de no formar parte ya de la familia del rey? ¿O desde ese momento pasaría a ser sin más republicano?

La segunda imprecisión de la tesis que comentamos radica en que imputa los efectos de la conducta supuestamente corrupta de Urdangarin a la familia en la que ha entrado tras el matrimonio con la infanta. No sé cuántos lectores estarían dispuestos a admitir que son personalmente responsables de lo que hagan sus yernos o sus nueras. Creo que no serán muchos los que admitan este contagio de responsabilidad por vía matrimonial de alguno de sus hijos. Por lo tanto, quienes no admitan que son responsables por lo que hagan los cónyuges de sus hijos tampoco deberían compartir la idea de que la posible responsabilidad de Urdangarin hay que extenderla a sus suegros y a la institución que representan.

Pero sobre todo hay una tercera equivocación que merece el mayor reproche dialéctico, y es sugerir la idea de que la corrupción es exclusiva de la monarquía, que no es posible en la república. Si el que exista un miembro en la familia del rey supuestamente corrupto hace algo a favor de la república es porque se parte de la idea de que eso es algo que no puede suceder con el presidente de una república ni con nadie de su familia. Y esto está tan alejado de la realidad que supone una ligereza sostener que Urdangarin ha hecho mucho por la república. No hace falta mucha memoria para recordar episodios de corrupción de antiguos presidentes de repúblicas europeas o de sus familiares. Los antecedentes nazis de Waldheim, la condena del hijo de Mitterrand por tráfico de armas, la condena de Chirac por desvío de fondos públicos, o la reciente dimisión del presidente alemán Wulff, ¿han hecho algo a favor de la monarquía? Me temo que nada, porque la corrupción está en las personas y no en la forma de Estado.

Jose Manuel Otero Lastres

 

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