Una fusión igualitaria

La Voz de Galicia
Jueves, 1 de abril de 2010

La deseable fusión entre las dos cajas de ahorros gallegas presenta ciertas particularidades que aconsejan abordarla teniéndolas bien presentes. La primera de ellas es tener en cuenta la realidad de la que se parte y a la que se debe llegar. Cada una de las cajas es el resultado de anteriores absorciones de otras entidades gallegas y ambas han acabado vinculadas geográficamente a las dos grandes ciudades de Galicia. El objetivo final es, por lo tanto, que exista una caja de ahorros única asentada en dos pilares igualmente fuertes y que soporten el mismo peso, uno en A Coruña y el otro en Vigo.

Desde esta perspectiva, debería intentarse por todos los medios mantener en la futura caja única el peso que tienen actualmente dichas ciudades. Lo cual implica el abandono, desde el principio, de cualquier intento de plantear la absorción de una caja por otra. El procedimiento debe ser, pues, el de fusión de las dos entidades, con la consiguiente desaparición de ambas, para crear una nueva entidad. Dicho en términos más técnicos: hay que descartar el procedimiento de fusión por absorción de una caja por la otra, que rompería el equilibrio financiero actual norte-sur, y optar por el de fusión por creación de una nueva entidad.

Otra realidad incuestionable es que elegida la opción de fusionar las dos cajas gallegas para crear una gran entidad de crédito, en lugar de la incorporación de cada una de ellas a otras posibilidades de reestructuración financiera, parece claro que no debe aprovecharse la fusión para sacrificar una de las entidades en beneficio de la otra. La fusión solo tiene sentido si se hace de tal modo que ambas cajas se mantengan proporcionalmente iguales en la resultante de la fusión. O dicho con otras palabras, tampoco puede aprovecharse la fusión para que una de ellas gane peso restándoselo a la otra.

De lo que antecede se desprende que la anunciada fusión “equilibrada” de las cajas no puede ser entendida en el sentido de que se sacrifique en mayor medida a la más grande y en menor medida a la de más reducida dimensión. De hacerse de ese modo la fusión, no sería equilibrada si no desigual. Por eso, en el necesario adelgazamiento de cada entidad no hay que buscar un equilibrio final disminuyendo más a una que a otra, sino a las dos en igual medida, sin perjuicio de realizar las compensaciones necesarias para desembocar en la fusión igualitaria final.

Por último, en cuanto al tema de los personalismos, es de esperar que nuestros actuales dirigentes estén a la altura de las circunstancias. Su principal misión en este momento es, desde mi particular punto de vista, velar porque la fusión no perjudique a ninguna de las dos entidades, sino que beneficie por igual a ambas. Y para ello solo deben oponerse a toda medida que en el procedimiento de fusión sacrifique injustificadamente a una entidad en perjuicio de la otra. Si hasta ahora los gallegos hemos tenido dos cajas, lo deseable es que, tras el necesario e imprescindible procedimiento de fusión, tengamos una única caja de ahorros que tenga igual peso y presencia en las dos ciudades mencionadas.

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