Tiempo para estadísticas

La Voz de Galicia

Se atribuye al canciller Otto von Bismark la frase «el político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación». Con la perspectiva de los años que llevamos de democracia, se puede sostener que los que organizaron la transición eran verdaderos estadistas; y que desde hace unos años abundan los políticos que piensan en la próxima elección.

No cabe duda de que estamos pasando momentos difíciles, tanto en lo económico como en lo institucional. Pero no creo que sean más comprometidos que los de mediados de los años setenta del siglo pasado, cuando se extinguía un régimen autocrático y había que transformar las estructuras políticas de entonces en un sistema democrático. Y lo que era peor: había que hacerlo en medio de una crisis más severa que la actual provocada por la llamada crisis del petróleo con una inflación superior al 26 % y un paro que rondaba el 15 %.

La altura de miras y la generosidad de los dirigentes de entonces los llevó a situar en el centro de la política nacional el interés de las próximas generaciones y escribieron una de las páginas más brillantes de la reciente historia de España. Fue una época de estadistas que hizo que la sociedad civil de entonces tuviera un elevado concepto de la clase política. A los lectores que no vivieron la transición les puede parecer mentira que hubiera una generación de españoles que no fueron a la política a enriquecerse, y que tuvieran la grandeza de aparcar en momentos de urgencia nacional problemas localistas que dividían las fuerzas imprescindibles para impulsar el cambio de régimen. Por desgracia, las preocupaciones de la clase política han cambiado mucho desde entonces hasta hoy. Con el paso del tiempo, la política se ha convertido en una profesión. El centro de sus preocupaciones es, por tanto, ganar elecciones, lo que les ha hecho olvidar paulatinamente los intereses generales y, entre ellos, los de las próximas generaciones. Por eso, a nuestros actuales políticos parece interesarles por encima de todo la captura de votos, y dedican la mayor parte de sus esfuerzos a conquistar el poder.

Pero a las próximas generaciones no las estamos esperando, ya están ahí. Y uno de sus intereses principales es encontrar trabajo. El desempleo entre los jóvenes menores de 25 años estaba a principios de año en torno al 57 %. Los datos reflejan que empieza a reducirse ligeramente, pero nuestra mejor juventud aún se marcha al extranjero. ¿Es tan difícil entender que son absolutamente necesarias políticas de empleo juvenil para reducir esta escandalosa cifra de paro? La juventud necesita implicarse en la construcción de la sociedad en la que va a vivir. Es tiempo de estadistas, que piensen en el futuro y no en su propio gallinero. Los hay, solo falta que tengan el valor de arriesgarse a perder la próxima elección adoptando medidas impopulares pero necesarias para el porvenir de España.

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