Posts Tagged ‘política’

El Rey, en el ojo del huracán mediático

martes, 1 octubre, 2013
La Voz de Galicia

Aunque científicamente el ojo del huracán es el lugar de este fenómeno atmosférico donde hay más calma, hay un significado gramatical que es «centro de una situación polémica o conflictiva». Por eso, cuando digo que el rey está en el ojo del huracán es porque últimamente está en el centro de la polémica, que adjetivo como mediática porque se está más en los medios de comunicación que entre los ciudadanos.

Desde su impagable actuación con ocasión del intento golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, lo políticamente correcto era silenciar ciertos aspectos de la vida del monarca y, en lo que hubiera que hablar de él, hacerlo muy favorablemente. Me atrevo a decir que «aduladoramente», y no porque el modo impecable en que desempeñaba la jefatura del Estado no mereciera el elogio, sino porque en muchas ocasiones se bordeaba el servilismo. Y de todos es bien conocido que la adulación debilita, mientras que la crítica constructiva fortalece.

Hoy, algunas de aquellas cañas se han tornado lanzas, y lo que era una catarata de elogios se ha convertido en un echar cada uno su cuarto a espadas sobre la conducta de nuestro soberano, y especialmente sobre si ha llegado el momento de su abdicación a la Corona.

En relación con lo primero, se acaba de dar noticia de la supuesta bronca que con motivo de la Diada del año pasado le echó el rey al presidente de la Diputación de Barcelona al que reprochó manipular a la gente en favor del separatismo. En el minuto de gloria mediática que ha tenido recientemente este político por ese hecho antiguo, declaró que el rey había perdido la oportunidad de ejercer las funciones de árbitro y moderador que le atribuye la Constitución. Olvida este ciudadano que nuestra ley fundamental le encomienda esas funciones en relación con «el funcionamiento regular de las instituciones». Y organizar manifestaciones en favor de la secesión no parece que sea un funcionamiento constitucional y regular de las instituciones.

En cuanto a la abdicación, me parece que nos estamos dejando llevar más por la apariencia física que por la capacidad intelectual. La Constitución contempla el supuesto de que «el rey se inhabilitare para el ejercicio de su autoridad y la imposibilidad fuere reconocida por las Cortes Generales». Pero hasta ahora nadie ha sostenido que nuestro monarca ha perdido la capacidad para ejercer la jefatura del Estado. Y como nadie puede creer sinceramente que las dificultades físicas del rey lo hayan incapacitado intelectualmente -pensar así sería una afrenta enorme para todos los discapacitados físicos- se opta por sugerirle que sea él quien tome la decisión de abdicar. Salvo honrosas excepciones, estos opinantes me recuerdan a los que tan insistentemente recomendaban a Rajoy hace un año que pidiera el rescate. Y es que «el aconsejar es un oficio tan común que lo usan muchos y lo saben hacer muy pocos», como dijo fray Antonio de Guevara.

Noticias de antes y de ahora sobre políticos

domingo, 22 septiembre, 2013
La voz de Galicia
 

 Durante los últimos años de la dictadura franquista, cada vez fueron adquiriendo mayor presencia en los medios las actividades de los políticos que luchaban por la llegada de la democracia. Los hechos noticiosos de entonces tenían lugar sobre todo en dos ámbitos. Se solía aludir a cierta inquietud entre los militares ante los movimientos llamados de agitación política, protagonizados principalmente por estudiantes universitarios y sindicalistas. Y también eran habituales noticias sobre actuaciones duramente represivas de las fuerzas de orden público y sobre juicios políticos que se veían ante el entonces denominado Tribunal de Orden Público (TOP).

Es verdad que todo esto queda muy lejos, ya que sucedió principalmente entre 1968 y 1975. Pero a veces conviene volver la vista al pasado para valorar mejor lo que nos está sucediendo. Porque si en aquellos tiempos el protagonismo correspondía, de un lado, a políticos que peleaban por la democracia y, de otro, a las fuerzas de orden público, al Ejército y a los tribunales de tipo político que defendían el régimen autocrático, las cosas han cambiado tanto que hoy el papel de los actores implicados tiene muy poco que ver con el de entonces.

En efecto, los que en aquellos tiempos hostigaban a los políticos demócratas son actualmente actores ejemplares en la democracia. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y el Ejército, en el barómetro del CIS de abril de este año, reciben la máxima valoración por parte de los españoles: la Guardia Civil, con un 5,71, se ha situado en la primera posición, seguida por la Policía, con un 5,65, y por las Fuerzas Armadas, con un 5,21. Lo cual supone, entre otras cosas, que cumplen a satisfacción con su misión constitucional. Y, como no podía ser de otro modo, el TOP desapareció con la democracia.

¿Y qué pasó entretanto con la clase política que trajo la democracia? Pues que como no funcionaron los controles -tal vez porque esto fue lo que se quiso-, una parte de sus integrantes se han convertido en golfos y corruptos. En el acto de apertura del presente año judicial, el fiscal general del Estado señaló que durante el año 2012 se incrementaron las calificaciones por delitos de prevaricación administrativa en un 23,85 % y las de fraude cometido por autoridad o funcionario público en un 120 %. Esto explica que diariamente sean noticia de portada juicios penales abiertos a políticos por casos de corrupción.

Hoy las fuerzas de seguridad y los tribunales, que defienden la democracia, siguen persiguiendo a algunos políticos, pero no por luchar por ella, sino por algo tan deleznable e impensable entonces como corromperse, olvidando que la honradez es una condición indispensable en el político demócrata. ¡Qué vergüenza!

Secesionismo y falta de solidaridad

martes, 17 septiembre, 2013
La Voz de Galicia

 

La estrategia política que vienen practicando deslealmente los políticos catalanes secesionistas ha conseguido ofuscar la razón al secretario general del Partido Socialista y al ministro de Asuntos Exteriores. Ante la cadena humana que se formó el pasado día 11, Pérez Rubalcaba declaró que no debe minimizarse su significado y propuso una reforma de la Constitución que logre salvar la convivencia. Y García-Margallo, tras reconocer el éxito organizativo y de convocatoria de los catalanes encadenados, manifestó que hay que escuchar sus peticiones.

Tanto uno como el otro parecen haber olvidado que la Constitución establece que la soberanía nacional reside en el pueblo español. Mientras no se reforme la Constitución no hay, por tanto, una soberanía catalana, ni vasca, ni gallega, ni andaluza. Para tomar en cuenta cualquier iniciativa secesionista, el parámetro es el pueblo español en su conjunto: la calle de toda España y no la de una parte de la misma. Según la Constitución, que es la misma ley que permite a Artur Mas adoptar sus iniciativas secesionistas, si llega el momento de escuchar el deseo de una comunidad autónoma de separarse de España, a quien hay que oír es a todos los españoles y no solamente a los ciudadanos de esa comunidad autónoma.

Y tampoco me parecen acertadas sus propuestas. Pérez Rubalcaba propone una reforma limitada de la Constitución, y García-Margallo parece inclinarse por modificar competencias para que Cataluña reciba todavía más de lo que se le ha venido dando desde el comienzo de la democracia. Los dos se han amedrentado ante la política de hechos consumados de los secesionistas.

No sé qué hará el Gobierno ni cómo se va a resolver este inquietante problema, azuzado y agrandado interesadamente por una parte de la clase política catalana. Pero creo que los que propugnan en Cataluña esta causa política cuyo trasfondo es puramente económico no son un ejemplo de solidaridad ni de generosidad con el resto de España. Antes al contrario, sin que exista causa alguna que lo justifique vienen reclamando para sí un reparto de la riqueza nacional todavía más favorable en claro perjuicio de otras partes de España más pobres.

Lo que no acabo de comprender es el distinto rasero con que medimos las posturas egoístas de los que más tienen, según se trate de personas individuales o entidades territoriales. En lo personal, todos convenimos en la necesidad de una política de redistribución de la riqueza de tal modo que paguen más los que más tienen. Por eso, nadie defiende a un rico matón que amenace a los demás para conseguir un trato todavía más favorable. En cambio, no se considera indecente que una de las comunidades autónomas más ricas reclame cada vez más recursos en perjuicio de las que menos tienen. Lo llevan haciendo desde que entró en vigor la Constitución y aquí hay gente que todavía considera que esos nacionalistas egoístas e insolidarios son progresistas.

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. Más información.

Esta página web utiliza cookies para ofrecer la mejor experiencia de navegación posible y conocer la utilización de la misma. Si sigues utilizando esta web sin cambiar los ajustes de tu navegador, aceptas su utilización. Haciendo clic en "Aceptar" mejorará la navegación.

Si deseas más información, lee nuestra Política de Cookies

Cerrar