Posts Tagged ‘palabras’

Crispación Demagógica

martes, 6 agosto, 2013
La Voz de Galicia

Vivimos desde hace unos cinco años en una situación de crisis económica agobiante que está sometiendo a muchos ciudadanos a unas penurias que creíamos ilusoriamente superadas. Es muy posible que todos tengamos alguna responsabilidad por lo que nos está pasando. Pero la razón muestra que si hay unos administradores, los políticos, y unos administrados, los ciudadanos, serán más responsables de la debacle económica los gestores que los gestionados. Por eso, no es de extrañar que la sociedad española esté crispada con los que, administrando el patrimonio común, lejos de evitar la crisis, nos metieron en ella con una irresponsabilidad que tendría que haberles deparado consecuencias más gravosas que las simplemente políticas.

Uno de los efectos de la crispación que nos atenaza es que nos impide mirar las cosas con la conveniente serenidad. En efecto, las primeras reacciones de los ciudadanos ante el trágico accidente del tren Alvia en Angrois fueron espontáneas y, por tanto, guiadas exclusivamente por el corazón. La generalidad, al tiempo que se afligía por la magnitud de la tragedia, reconocía orgullosa la solidaria actuación de los vecinos del lugar y la eficacia de los medios humanos y materiales habilitados para responder a la catástrofe.

Pasados los primeros momentos de shock, nuestro pensamiento se interrogó lógicamente por las causas de la tragedia. Y aquí no hubo tanta unanimidad. Fueron bastantes los que en lugar de esperar prudentemente a que hablaran las pruebas, se inclinaron por culpar a las infraestructuras, lo que desviaba la responsabilidad del accidente hacia el ámbito de la política. Aun a pesar de que el maquinista se inculpó voluntariamente por haberse distraído, hay quien se resiste a admitir el decisivo papel que tuvo el fallo humano. Prefieren creer en hipótesis que descargan la culpa en circunstancias de la gestión política, como la señalización, el cambio de vía que exige reducir la velocidad para tomar correctamente la curva, falta de automatismos en el tren para frenar ante un exceso de velocidad, etcétera.

Es verdad que concurrían todas esas circunstancias, pero también lo es que no aparecieron de repente y por sorpresa en ese viaje: desde que se inauguró la línea estuvieron ahí y solo hubo un accidente cuando a todo ello se sumó un lamentable error humano. Por mucho que se especule, sin ese fallo del maquinista no se habría producido la tragedia. No es que la imperfecta infraestructura hiciera fallar al conductor, fue su distracción la que hizo saltar a un primer plano las carencias de la línea.

Por eso, no es admisible agitar una sociedad que ya está crispada con frases como «os mortos son seus» de un dirigente nacionalista con una irresistible inclinación a apuntar muertos a los gobernantes.

Escaparate de intereses

viernes, 2 agosto, 2013
La Voz de Galicia

De todos es sabido que un escaparate es un ventanal que hay en las fachadas de las tiendas para mostrar los géneros que se venden. Ayer el Senado, lugar que albergó la sesión del Congreso de los Diputados, fue un verdadero escaparate en el que el Gobierno y los partidos de la oposición nos mostraron a todos los españoles los intereses que defienden actualmente.

Es verdad que el interés suscitado por la comparecencia de Mariano Rajoy era grande. Las sucesivas versiones del extesorero del partido, en función de la estrategia más conveniente para él en cada momento, debidamente jaleadas por algunos medios de comunicación, habían creado la expectativa de que el presidente del Gobierno iba a pasar, como mínimo, un mal trago. Pero la sesión parlamentaria sirvió para poco. Entre otras razones, porque en un momento en el que se difunden en los medios de comunicación y, sobre todo en las redes sociales, contenidos que entremezclan sin depurar con el debido rigor hechos, opiniones, especulaciones y hasta ficciones, la mayoría de los que siguen la opinión publicada tenía formada su opinión antes de escuchar a los intervinientes. Y ninguno defraudó: todos exhibieron en el escaparate parlamentario sus distintos intereses.

El Gobierno y el PP defendieron su honorabilidad y la necesidad de mantener la estabilidad política actual para seguir saliendo de la crisis. Y los que querían creer al presidente del Gobierno escucharon una intervención muy sólidamente argumentada y unas respuestas a los discursos de la oposición que hicieron creíble lo sustancial de la posición del PP. A saber: que más que en los conceptos por los que algunos dirigentes del partido recibieron fondos complementarios que declararon a Hacienda, había que fijarse en que un ex-tesorero desleal había acumulado una fortuna considerable sin explicar su origen.

El principal partido de la oposición, como si fuera Jano con dos cabezas, con una acusaba de corrupción al partido en el Gobierno y con la otra miraba horrorizado el escándalo de los ERE, por lo cual el interés que mostraba en el escaparate era cuando menos contradictorio. Pero los que deseaban creer al líder de la oposición también pudieron disfrutar con su intervención: dijera lo que dijera Rajoy, tenía escrito en el guion que había que pedir su dimisión y así lo hizo. Los partidos minoritarios aprovecharon el río revuelto para tratar de ganar adeptos y debilitar el bipartidismo. Lógicamente, les vendrían bien unas nuevas elecciones.

Personalmente, eché en falta en algunos un compromiso con el interés general de España. Estamos en un momento tan delicado que tenemos que hacer un ejercicio de responsabilidad y pensar que la suerte que corra España nos afectará a todos.

La reforma de la enseñanza

jueves, 4 julio, 2013
La Voz de Galicia

En el último barómetro del CIS (marzo de 2013) la educación fue considerada la sexta preocupación de los ciudadanos, por detrás del paro, la corrupción y el fraude, los problemas de índole económica, la clase política, y la sanidad. Este dato es muy relevante si se tiene en cuenta que en la educación solo cabe influir con políticas a medio y largo plazo. Y sorprende sobremanera que, tras 34 años de democracia, la educación, lejos de haber mejorado -como se esperaba- con respecto a la del régimen político anterior, se haya deteriorado progresivamente hasta el punto de ser considerada como uno de los problemas principales de la ciudadanía.

Sitúo intencionadamente el problema en la actual democracia, porque nuestra Constitución elevó el derecho a la educación al rango de derecho fundamental, estableciendo que la educación tiene por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y ordenando a los poderes públicos que garanticen a todos la educación mediante una programación general de la enseñanza.

Los datos sobre la evaluación de nuestro sistema educativo, además de explicar que la educación se haya convertido en una preocupación ciudadana, revelan que la programación general de la enseñanza, llevada a cabo desde el inicio de la democracia por el mismo partido político, ha resultado un indiscutible fracaso. Hay estudios que revelan que la comprensión matemática, la comprensión científica y -la que parece más fundamental- la comprensión lectora de nuestros estudiantes están más de diez puntos por debajo de las medias respectivas de la OCDE.

Llegados a este punto, cualquier ciudadano medianamente sensato considerará necesaria una nueva programación general de la enseñanza y hasta me atrevo a aventurar que, precisamente por necesitar de actuaciones políticas a medio y largo plazo, desearía que la elaboraran por consenso el mayor número posible de partidos políticos. Por desgracia, los hechos demuestran que va a resultar sumamente difícil, por no decir imposible, una programación consensuada por la fuerte e indeseada carga ideológica y adoctrinadora que algunos quieren imprimir al objeto de este derecho fundamental.

Así las cosas, y como no está escrito en ningún lugar que la programación general de la enseñanza tenga que hacerla de manera ineludible el partido que la ha desarrollado hasta hoy, es razonable dar al partido en el gobierno la oportunidad de hacer por primera vez una nueva programación. Mientras, los anteriores no deberían airear demagógicamente unos supuestos defectos de la reforma en perjuicio de las clases más modestas, como elevar el grado de exigencia y propugnar la cultura del esfuerzo. El escaso éxito de la programación anterior fue por no apostar por ambas cosas. La alternativa es, pues, seguir como hasta ahora o dar a nuestros estudiantes una nueva oportunidad exigiéndoles mayor rendimiento. Elijan ustedes mismos.

 

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. Más información.

Esta página web utiliza cookies para ofrecer la mejor experiencia de navegación posible y conocer la utilización de la misma. Si sigues utilizando esta web sin cambiar los ajustes de tu navegador, aceptas su utilización. Haciendo clic en "Aceptar" mejorará la navegación.

Si deseas más información, lee nuestra Política de Cookies

Cerrar