Posts Tagged ‘Economía’

Líderes sindicales y parados

lunes, 5 marzo, 2012
La Voz de Galicia

Los sindicatos desempeñan un papel esencial en nuestro Estado democrático, ya que, según el Título Preliminar de la Constitución, «contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que les son propios». Hasta tal punto son importantes que sindicarse libremente es un derecho fundamental de todos los asalariados que gozan, además, de la libertad de afiliarse al de su elección.

Todo aquel que respete la Constitución no puede, pues, poner en duda la necesidad institucional de los sindicatos, ni menospreciar el importante papel económico y social que desempeñan, ni, finalmente, dar menos importancia al derecho a sindicarse que a los demás derechos fundamentales y libertades públicas que reconoce nuestra Norma Fundamental.

Pero una cosa es el sindicato como institución y otro muy distinta el modo en que actúan sus máximos representantes. Está bastante extendida la opinión de que los actuales líderes sindicales vienen defendiendo desde hace tiempo sus privilegios personales e institucionales por encima de los intereses de los que trabajadores a las que representan. Habrá quien considere que cualquier reproche a los representantes sindicales supone una crítica a los sindicatos mismos que debe ser rechazada sin más porque proviene indefectiblemente de los aledaños de sus supuestos adversarios que son los empresarios y los políticos de la derecha. El que así piense -y lo digo con el máximo respeto- creo que se equivoca. El solo hecho de que se esté poniendo en duda si está siendo acertada o no la actuación de los líderes sindicales debería llevarles a reflexionar sobre si están cumpliendo la misión que les asigna la Constitución, que es, según he dicho antes, contribuir a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales de los trabajadores.

Y es que las cosas han cambiado tanto desde la aprobación de la Constitución que hay que empezar por replantear cuál es el ámbito de la representación de los sindicatos Es verdad que nuestra Carta Magna habla específicamente de sindicatos de «trabajadores» y que trabajador es, en principio, quien tiene ocupación remunerada por su empleador. Pero también lo es que hoy en España hay más de cinco millones de personas que han perdido su empleo o que lo están buscando sin haberlo tenido nunca, cuyos intereses no pueden quedar desprotegidos. Los líderes sindicales deben, por tanto, defender los intereses de todos lo que han de vivir trabajando por cuenta ajena, aunque aún no tengan empleo, y no solo de los que ya lo tienen. Deberían, pues, meditar muy seriamente si por el solo hecho de perder cuotas de poder deben oponerse frontalmente a una reforma laboral que pretende, en primer lugar, que se destruya el menor empleo posible y, después, que se creen nuevos puestos de trabajo. La estrategia sindical anunciada es tratar de paralizar en la calle la reforma laboral en curso. Si lo lograran -cosa improbable pero posible- los grandes perjudicados serían los cinco millones parados, por lo que me pregunto si no deberían éstos adelantarse y salir ya a la calle para que los sindicatos no frustren sus exiguas y hasta ahora ignoradas esperanzas de encontrar trabajo.

Jose Manuel Otero Lastres

Despilfarro y recortes

domingo, 11 diciembre, 2011
La Voz de Galicia

Aveces asombra comprobar cómo la dialéctica política es capaz de oscurecer la realidad. En estos días, los medios de comunicación -sobre todo los menos afines al Partido Popular- nos están advirtiendo insistentemente de los recortes que va a hacer Mariano Rajoy cuando llegue al Gobierno. Y la gran mayoría de las veces presentan esa acción de gobierno como negativa y -lo que es ciertamente sorprendente- evitable.

Es indiscutible que existe libertad de información y que cada cual puede adoptar la postura que considere más acertada. Pero si se analizan las cosas sin demasiada pasión, lo primero que le viene a uno a la cabeza es que la política de recortes no suele obedecer al capricho, sino que es una de las consecuencias que se derivan de la insuficiencia de los ingresos. En una familia, si se está pagando todo a plazos y el padre se va al paro, no se puede censurar a la madre por recortar los gastos. La medida de la disminución de los gastos es, por tanto, posterior y consecuencia de la carencia de recursos bastantes para cubrirlos.

En una política previsora y equilibrada, lo lógico es planificar los gastos a la vista de los ingresos esperables. Lo acertado y prudente es no hacer previsiones de gastos a largo plazo aventurando que los ingresos van a mantenerse en el mismo nivel durante todo ese tiempo. Por eso, cuando se aumentan incontroladamente los gastos pensando que los ingresos van a seguir idéntico ciclo alcista, no solo se roza la imprevisión, sino que se bordea el abismo del despilfarro. Sobre todo, cuando los gastos que se comprometen duraderamente son los llamados «corrientes»: personal y bienes necesarios para el desarrollo de sus funciones administrativas.

De lo que antecede se desprende que una política puede ser inicialmente equilibrada y convertirse con posterioridad en despilfarradora cuando se comprometen prolongadamente gastos improductivos y los ingresos empiezan a mermar imparablemente. Es entonces cuando surge como una posible solución la política de recortes: si no es conveniente por razones macroeconómicas aumentar los ingresos por la vía de los impuestos, el equilibrio presupuestario solamente se logrará si se reducen los gastos.

Así planteadas las cosas, la cuestión no es mirar maliciosamente al que tiene inevitablemente que hacer recortes, sino volver la vista atrás y mirar con reproche a quienes llevaron a cabo una política de derroche. Es verdad que a estos últimos puede disculpárseles hasta cierto punto porque gobernaron algún tiempo en una situación de gran abundancia de recursos y en ese clima de opulencia recaudatoria no era fácil prever el futuro. Pero lo que es de todo punto injusto es que se exculpe benévolamente a los generadores del gasto insostenible y se censure despiadadamente, en cambio, al que se ve obligado a decirnos que la fiesta se ha acabado.

Como dice Antonio Machado en su Juan de Mairena, los que consideran la ocultación de vicios un deber patriótico podrán merecer el título de buenos patriotas, pero de ningún modo el de buenos españoles.

Hablar tiernamente a los mercados

domingo, 27 noviembre, 2011

La Voz de Galicia

En su novela Las ratas, escribe Miguel Delibes que el Rabino Chico «había demostrado ante los más escépticos lugareños que la vaca a la que se habla tiernamente mientras se le ordeña daba media herrada más de leche que la que era ordeñada en silencio». Hace unos días una voz autorizada de la Comisión Europea declaraba que lo más importante era que «España se ayudara a sí misma» para salir de la crisis. O sea, que tenemos que arreglárnoslas solos y hablarle tiernamente a nuestra vaca para que dé la mayor cantidad de leche posible.

En las recientes elecciones generales hemos cambiado de ordeñador, su voz es distinta y parece que, envuelta en la suave atmósfera de Galicia, suena más tierna, más convincente, más creíble. Gracias a ello es de esperar que la vaca España, es decir, todos nosotros, rindamos al máximo para poder salir del fango financiero en el que estamos braceando desde que ha naufragado nuestra desequilibrada economía. La inyección de confianza que va a suponer el cambio de Gobierno tendrá, sin duda, un efecto beneficioso a la hora de encarar los grandes problemas que tenemos desde hace tiempo y los que aún están por llegar.

Pero la solución no depende de lo que pueda dar de sí España. No se pueden cambiar de un día para otro las estructuras económicas, sociales y financieras que tenemos. El enfermo tiene que renovar su sangre, pero para sobrevivir es absolutamente necesario que le continúen haciendo transfusiones. Sin recibir nuevo plasma sobrevendría un envenenamiento masivo, y tras él llegaría el final. Hace falta, pues, seguir acudiendo al mercado del dinero.

Llegados a este punto, la duda que me surge es si no hay otros que nos están ordeñando «en silencio». Por mucha objetividad que ponga para contemplar la evolución de la famosa prima de riesgo, cada vez estoy más convencido de que los prestadores de dinero en los mercados internacionales están aprovechando todo tipo de disculpas, reales algunas y las más imaginarias, para poner sus manos en nuestras ubres y sacarnos hasta la última gota de leche.

En mis limitados conocimientos de economía, tenía asentada la idea de que no hay que desconfiar del que paga puntualmente hasta que empiece a dar señales de que no va a hacerlo. España hasta ahora ha sido una escrupulosa cumplidora de sus obligaciones financieras internacionales. Así que las supuestas dudas sobre su solvencia no parecen derivarse tanto de su situación financiera como de la de otros países de la Unión. ¿Es admisible que se dude de la solvencia de alguien por causa de la mermada capacidad de crédito de otros? Sinceramente, creo que no. Por eso, la constante elevación de nuestra prima de riego parece una maniobra especulativa de ciertos pícaros que se están forrando merced a unas supuestas «dudas» sobre la solvencia de deudores hasta ahora fiables. El nuevo Gobierno no va a tener más remedio que hablar tiernamente a los mercados para que nos sigan dando leche en lugar de ordeñarnos.

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