Posts Tagged ‘dialogo’

Magistrados progresistas y conservadores

lunes, 31 enero, 2011
La Voz de Galicia
Domingo 30 de enero de 2011

A mediados de mes los magistrados del Tribunal Constitucional han elegido presidente a Pascual Sala. Al difundir la noticia, algunos periódicos destacaban del nuevo presidente, por encima de cualquier otro dato, su condición de «progresista». La división entre magistrados progresistas y conservadores, que se ha extendido a los juristas en general, es un lenguaje periodístico que a fuerza de ser repetido acabará siendo aceptado, a lo cual me resisto. Y más aún, cuando se intenta relacionar de manera subliminal cada una de estas dos etiquetas con la cualificación profesional: juez progresista equivaldría a buen juez, y juez conservador vendría a ser sinónimo de mal o peor juez.

Es evidente que cuando se atribuye a un juez la condición de progresista o la de conservador lo que se está es aludiendo a su ideología personal, al grupo político al que debe su puesto, o a ambas cosas a la vez, porque suelen ir unidas. Pero con ser estos datos relevantes desde el punto de vista personal, deberían carecer por completo de relevancia a la hora de ejercer su noble y elevada función de juzgar y hacer cumplir lo juzgado.

Los jueces tienen que aplicar la ley de acuerdo con lo que ha resultado probado y dejando por completo al margen la más mínima brizna de arbitrariedad. Por eso, aunque la ideología personal pueda influir en su modo de ver la vida y, por ende, en su manera de entender la justicia, en ningún momento lo debe apartar de lo que es la estricta aplicación de la ley. Esta es una garantía que consagra el derecho constitucional a la tutela judicial efectiva: los ciudadanos tenemos derecho a una sentencia fundada en derecho, suficientemente razonada y motivada, desprovista por completo de arbitrariedad y que no genere indefensión.

A pesar de lo que antecede, viene siendo tan intensa la influencia de la política en la justicia desde el comienzo mismo de nuestra reciente democracia, que lo que más parece interesar de un juez a los informadores es si es progresista o conservador, que no son calificativos profesionales, sino políticos. Lo cual, bien mirado, acaba por deformar grotescamente la figura del juzgador: no importa si tiene una gran formación jurídica, si su nivel ético es excelso, si no es influenciable por circunstancias ajenas al caso, si atina cada vez que sentencia porque aplica impecablemente la ley, lo relevante es su pensamiento político.

Llevo en el mundo del Derecho desde hace muchos años y aunque me niego a aceptar, en un exceso de inocencia, la indeseada influencia de la política en la justicia, hay hechos que inducen a pensar que asuntos puramente judiciales se resuelven en función de razones políticas. Así, de los dos candidatos a la presidencia del Tribunal Constitucional, el que no fue elegido, Manuel Aragón, perteneciente también al sedicente bloque progresista, antepuso en la votación de la sentencia sobre el Estatuto de Cataluña lo que le decía su saber jurídico a lo que convenía al poder político. Lo cual envía el inaceptable mensaje de que lo mejor es ser sumiso.

El futuro de nuestros jóvenes

lunes, 27 diciembre, 2010
La Voz de Galicia
Domingo 26 de Diciembre de 2010

No tengo más títulos para dirigirme a vosotros que la edad y la dedicación parcial desde hace algunos años al oficio de escribir. A nadie que no esté en vuestras circunstancias le es fácil ponerse en vuestro lugar, pero trataré de hacerlo para sentir vuestros problemas, penas y temores. De las alegrías, que alguna también tenéis, no voy a hablaros. Mi intención es recordaros el pasado y advertiros, desde el presente, que tenéis un futuro que no es tan negro y desesperante como parece a primera vista.

Aunque la gran mayoría de vosotros habéis sido escolarizados –y en esto hemos mejorado notablemente-, han sido tantos los cambios de planes escolares que habéis sufrido que, como poco, estaréis desorientados. A ello hay que añadir que la constante bajada del nivel de exigencia os ha hecho llegar hasta las puertas de la universidad con una formación muy deficiente. En ésta, las cosas tampoco os han ido mejor: lejos de capacitaros para el acceso al conocimiento y el pronto ejercicio de una profesión, os mareamos con saberes excesivamente abstractos y no siempre debidamente actualizados. El balance, pues, de vuestro azaroso caminar por la enseñanza es –y trato de ser suave- frustrante.

Las cosas no os han ido mejor en eel ámbito del hogar. Nacisteis en los años anteriores al despegue económico y, aunque os beneficiasteis de él, vuestros padres trabajaban tanto para poder consumir irrazonablemente que fue muy escasa la atención que pudieron prestaros. Sois la generación que habiendo estado más cerca que nunca de vuestros padres menos educación habéis recibido de ellos. Y que voy a deciros de vuestras perspectivas laborales. Formáis el sector de la población más castigado por el paro: la tasa se acerca al 40% y empieza a hablarse de que podéis llegar a ser “una generación perdida”. Con lo que tenéis encima ¿puede alguien sorprenderse de que estéis desencantados con el país que os estamos dejando?

Pero la cuestión no es lo que os ha pasado, sino si aun estáis a tiempo de hacer algo para mejorar la negra perspectiva que os amenaza en el horizonte. La pregunta es ¿cómo os veis dentro de veinticinco años? ¿Estáis aún a tiempo de hacer algo para salir del pozo en el que os estáis hundiendo? Estoy firmemente convencido de que tenéis una tarea que rematar, y muy importante.

Es en el ámbito de la Unión Europea. Los fundadores salieron a mediados de los cincuenta del siglo pasado desde la orilla de una reducida y limitada integración, y las generaciones que nos hemos incorporado a lo largo de los años os hemos ido llevando hasta la mitad de la travesía. Las dificultades por las que está pasando la Unión han llevado a alguna voz a clamar por deshacer lo andado. Pero esto, además de devolvernos al punto de partida y tirar por la borda los esfuerzos de los que nos han precedido, requeriría el mismo esfuerzo que seguir hasta la meta final. Ahora que se ha visto que una moneda única fuerte requiere una política fiscal común y un severo control presupuestario de los Estados miembros, el camino hacia el final está trazado. Solo queda avanzar decididamente hacia una única nación europea. Y eso es lo que os corresponde a vosotros. El hombre primitivo se irguió para tener mejor perspectiva: es hora de que la juventud actual se levante para mirar por encima de las actuales dificultades de su nación y erigir un espacio común más amplio integrado por los actuales herederos de la vieja y gran Europa.

La integración de nuestros inmigrantes

domingo, 17 octubre, 2010
La Voz de Galicia
Sábado 16 de octubre de 2010

Visto desde España, inmigrante es el sujeto natural de otro país que llega al nuestro para establecerse en él con idea de permanencia. Que su estancia sea más o menos permanente depende en gran medida de su integración; esto es, que acabe siendo de verdad uno de nosotros: un vecino más, un compañero de trabajo, un cliente. Y que sus hijos sean considerados sinceramente por los nuestros como compañeros de clase y de juegos.

En una aproximación superficial, puede parecer que la población inmigrante en España está débilmente integrada. A esta idea desacertada puede contribuir el hecho de que en las noticias sobre los actos delictivos se recalque con demasiada frecuencia el origen foráneo de sus presuntos autores. Con lo cual, se está enviando un mensaje subliminal de falta de integración y de pertenencia a la marginalidad. Otro hecho que puede contribuir a esta creencia es que los propios inmigrantes, y en función de sus orígenes nacionales, tienden a constituir núcleos de población más o menos herméticos que prefieren permanecer como colonias aisladas. Sin embargo, lo cierto es que, sin dejar de ser lo que son -porque no tienen por qué hacerlo- la mayoría de los inmigrantes están bastante integrados en España que es su nuevo país de residencia. Así lo demuestra un reciente y muy interesante estudio del Strategic Research Center de la EAE Business School titulado Las condiciones de vida de la población inmigrante en España.

Entre las conclusiones principales a las que llega dicho estudio, destacan dos de carácter general. La primera es que la población inmigrante, que no ha dejado de crecer desde principios del año 2000, está constituida actualmente por uno de cada ocho habitantes. Y la segunda es que los inmigrantes han emprendido decididamente el camino de su integración entre nosotros, lo cual ha transformado significativamente sus condiciones de vida.

Aunque detenerse en cifras siempre es tedioso, no queda más remedio que referirse a ellas para ver hasta qué punto se ha producido tal integración. Así, el número de hogares de residentes extranjeros asciende a más del 10% del total, y de este porcentaje más del 60% proceden de países no europeos. Según el número medio de los que componen un hogar, el de los inmigrantes es un 23% mayor que el formado por españoles: 3 personas en aquel por 2,67 en este. Con respecto a la propiedad, los españoles son propietarios de su vivienda en el 85% de los hogares, mientras que solo lo son el 32% de los inmigrantes procedentes de países no europeos. El nivel medio de gasto anual de un hogar español se cifra en 32.515 euros, siendo de 25.361 euros (un 28,2% inferior) el de los inmigrantes de países no europeos. Finalmente, mientras que el 33% de los hogares españoles no pueden permitirse vacaciones o afrontar gastos imprevistos, este porcentaje llega aproximadamente al 60% de los inmigrantes de países no europeos.

Las cifras revelan que los inmigrantes se van integrando, aunque todavía viven peor que los españoles. Pero confirman también que seguramente viven mejor que en sus países de origen.

Si continuas utilizando este sitio aceptas el uso de cookies. Más información.

Esta página web utiliza cookies para ofrecer la mejor experiencia de navegación posible y conocer la utilización de la misma. Si sigues utilizando esta web sin cambiar los ajustes de tu navegador, aceptas su utilización. Haciendo clic en "Aceptar" mejorará la navegación.

Si deseas más información, lee nuestra Política de Cookies

Cerrar