Reseña de la novela "El campo de Bucéfalo" publicada en la revista "Notario"

José Aristónico García Sánchez

No hace mucho, en el nº 38 de esta revista, nos sorprendíamos de que un jurista en activo y decano además de los abogados de Barcelona, Pedro Yúfera, fuera capaz de escribir con pericia y elegancia una novela cuya trama no perdía el interés a pesar de estar basada, como era de suponer, en coyunturas y episodios legales.

Ahora otro jurista, nada menos que un afamado catedrático de Derecho Mercantil, José Manuel Otero Lastres, nos sorprende, y no es la primera vez, con una novela cuidadosamente editada (Pigmalión 2011) con el título de El campo de Bucéfalo cuya portada, por cierto, ha sido diseñada por el genial Eduardo Arroyo con la efigie de un caballo que evoca el que solo podía montar el gran Alejandro y con el que el protagonista ha bautizado también a su caballo favorito y el autor a su obra.

La novela, como era de esperar, es un hábil thriller de contenido jurídico que entrelaza peripecias de la vida personal, social y profesional de un joven abogado, brillante y resuelto, que se ve prendido en una trama obscura de corrupción en la que están implicadas altas instancias políticas y judiciales, y para cuya comprensión podría presumirse necesaria cierta preparación específica que, sin embargo, gracias a la habilidad narrativa del autor, no resulta precisa.

“La novela contiene bellas digresiones sobre las costumbres y usos sociales en cacerías y reuniones de la sociedad actual y mantiene con pulso certero el ritmo de la acción desvelando con insospechada pericia los hilos de la trama para mantener en todo momento despierto el interés del lector”

La novela está escrita con pulcritud de lenguaje y de sintaxis, y describe en forma precisa y elegante los escenarios en que el protagonista desarrolla su actividad, Madrid, las sierras cercanas donde practica la caza y la hípica, y su Coruña natal, con bellas digresiones sobre las costumbres y usos sociales en cacerías y reuniones de la sociedad actual. También mantiene con pulso certero el ritmo de la acción desvelando con insospechada pericia y de forma sabiamente dosificada los hilos de la trama para mantener en todo momento despierto el interés del lector. No es fácil interrumpir su lectura, y esto ya es un buen elogio de la obra.

La lectura de esta novela permite a cualquier jurista reencontrarse entre las coordenadas de la práctica de foro y despacho que ya conoce y en las que podría verse retratado, y a los no juristas conocer los entresijos, ciertamente emocionantes en ocasiones como ocurre en el caso de esta novela, de las profesiones jurídicas. Y a unos y otros deleitarse con las andanzas del protagonista, joven letrado idealista y preparado, entre los personajes y episodios de una trama negra que mantiene sin altibajos el interés del lector durante todo su desarrollo.

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