Publicidad desacertada

La Voz de Galicia
Miércoles, 20 de marzo de 2002

En la sociedad de consumo de nuestros días, la publicidad invade nuestras vidas cada vez con mayor intensidad. Son pocas las horas del día en que no nos vemos asediados por multitud de mensajes publicitarios. Si se pudiera medir nuestro grado de saciedad publicitaria, nos sorprendería comprobar hasta qué punto estamos hartos de tanto anuncio. Por eso, la mayoría de ellos no suelen captar enteramente nuestra atención.

Así las cosas, no es nada fácil la tarea que tienen ante sí los creativos publicitarios. Porque si un anuncio debe atraer la atención, ensalzar el producto o servicio anunciado y persuadir, finalmente, al consumidor o usuario de que lo adquiera o contrate, hoy lo más difícil es llamar la atención del destinatario del mensaje. Y si falla esto, el resto del anuncio pierde toda su efectividad.

A pesar de ello, hay anuncios que logran captar nuestra atención porque son ingeniosos y difunden un mensaje acertado. Entre ellos, cabe recordar el del fan de Elvis Presley que pega el muñequito en el parabrisas del coche o el del perro dálmata al que la velocidad y un frenazo del automóvil en el que va alteran las manchas de su piel. Junto a este tipo de anuncios, hay otros que son llamativos por los mensajes poco afortunados que difunden. Permítanme que exponga tres ejemplos.

El primero es un anuncio de una marca de cerveza que no duda en ridiculizar la vejez. Se escenifica la celebración del cumpleaños de una anciana y se coloca delante de ella una tarta con velas para que las apague. La lógica dificultad que debe tener para soplar hace que dicho acto dure mucho tiempo, durante el cual un joven se dedica a paladear tranquilamente la cerveza anunciada. No puede negarse que los creativos de este anuncio han conseguido llamar la atención –al menos la mía- pero de manera negativa, porque es tan desacertado su mensaje, por cruel e irrespetuoso, que no sería extraño que influyera negativamente en la imagen de marca de la cerveza anunciada.

El segundo anuncio es de una empresa de telefonía. La historia relatada es la de un joven que parece estar haciendo un uso abusivo del teléfono y ante la lógica llamada de atención de su padre, el joven intenta callarlo dándole un euro que es el importe de la llamada. Este anuncio difunde el mensaje erróneo de que al padre lo que único que parece importarle es el coste de la llamada, cuando lo cierto es que lo que realmente llega a molestar es el uso abusivo, por una sola persona de la casa, del teléfono familiar que precisamente por serlo debe estar a disposición de todos, tanto para llamar como para poder recibir llamadas. A este desacierto hay que añadir el de la falta de respeto con la que el hijo trata a su padre al dirigirse a él de un modo claramente insolente y despectivo.

El tercero y último se refiere a un antigripal y muestra en una cocina a dos jóvenes amigas que hablan sobre un chico con el que va a salir una de ellas, que es precisamente la que se encuentra mal y está buscando el medicamento. La otra joven, que parece estar interesada también por el chico, esconde el antigripal en un cajón de un mueble y la otra, que tal vez ya esperaba esa actuación de su “amiga”, extrae un sobre de su bolsillo trasero, diciendo que menos mal que había guardado uno. No está claro si el mensaje de este anuncio es reflejar una realidad de las relaciones entre los jóvenes o defender la validez del juego sucio entre amigas cuando se compite por el amor. Pero sea cual fuere el mensaje, es desacertado, porque o minusvalora a nuestra juventud o menosprecia el sentido de la amistad.

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