Presentadores de conferenciantes

La Voz de Galicia
Martes, 4 de junio de 2002

Toda disertación en público de un conferenciante suele ir precedida de su presentación, la cual se encomienda a un tercero. Todos hemos escuchado a diferentes tipos de presentadores, pero entre los que más suelen darse son: el “pavo real” y el “innecesario”.

El presentador “pavo real” suele ser muy vanidoso. Lo que le realmente le importa no es presentar a otro, sino que los demás sepan lo mucho que sabe y suele creerse que era él a quien deberían haber invitado para dar la conferencia. Por eso, dedica su intervención a hablar muy poco del conferenciante y mucho sobre el tema de la conferencia. El “pavo real” se hace insufrible porque trata de “destripar” la conferencia y en no pocas ocasiones con la vana ilusión de quedar por encima del conferenciante.

El presentador “innecesario” es mucho más frecuente que el anterior y se caracteriza porque comienza diciendo que el conferenciante no necesita presentación. Pero acto seguido, en lugar de cederle sin más la palabra, dedica el resto de su intervención a hacer lo que acababa de considerar innecesario.

La conducta de este tipo de presentador es consecuencia de que no se distingue con nitidez entre la “persona” y el “personaje”. Lógicamente, la gran mayoría de los que acuden al acto, lo hacen atraídos por la notoriedad del personaje. Lo cual significa que conocen, al menos, una parte importante de su personalidad externa y de su obra. En tales casos, no parece que tenga mucho sentido reiterar ante todos lo ya sabido. Incluso en el caso de personajes muy  conocidos, lo que menos suelen conocer los asistentes es la persona del conferenciante. Por eso, parece que lo que tiene más sentido es dedicar el acto de su presentación a decir algo sobre sus circunstancias personales.

Toda persona y el “personaje” que deja traslucir, suelen estar en la misma relación que un objeto y la imagen que éste refleja en un espejo. Con esto se quiere decir que hay una estrecha relación entre el “personaje” y la persona que está detrás, de tal suerte que cuando el personaje es “relevante” es porque detrás hay una persona completa. Por eso, cuando un conferenciante refleja, a los ojos de todos, la imagen de un destacado pensador, o de un ilustre escritor, o de un reconocido científico, es porque, detrás de él, existe una persona sólida, conformada por innegables capacidades intelectuales y por destacadas cualidades personales.

El buen presentador no debe extenderse en las primeras, ya que pueden parecer lisonja y si el conferenciante es verdaderamente inteligente, no le agradará demasiado la adulación. Lo que tiene sentido es, en tal caso, que dedique el escaso tiempo de que dispone a hablar de las cualidades personales del conferenciante, ya que uno primero es persona y después todo lo demás. Acercar a los asistente a la persona que tienen ante sí, es dejar en suerte al conferenciante ante su público. Porque un buen presentador ha de ser como los prismáticos bien utilizados: debe servir para acercar la imagen del conferenciante a los asistentes, nunca para alejarla. Y la imagen menos conocida del que va a disertar es su propia persona.

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