Los valores de nuestra juventud actual

La Voz de Galicia
Domingo, 7 de septiembre de 2008

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia, la palabra juventud puede entenderse en el sentido de conjunto de personas que tienen la edad que empieza en la pubertad y se extiende a los comienzos de la edad adulta. La primera reflexión que suscita esta significación es que, en tanto que etapa de la vida, la juventud tiene carácter permanente. Con esto se quiere decir que, desde siempre, ha habido un grupo de personas comprendido en esa franja de edad convencional. Otra reflexión general que interesa destacar es que, en cuanto etapa de la vida, la juventud se caracteriza por unas notas que están presentes de manera más o menos permanente desde siempre y otras que, en cambio, son específicas de cada época.

Entre los rasgos comunes que caracterizan a la juventud de todas las épocas, me parece que el más destacado es su elevada dosis de idealismo: desde siempre, los jóvenes tienden a representar la realidad que los rodea de una manera ideal; no como es, sino como debería ser. Este ideal que cada juventud toma como modelo para oponerlo a la realidad está lógicamente impregnado de los valores imperantes en cada tiempo, que, precisamente por ser cualidades del ánimo, tienen naturaleza espiritual. Pero así como los valores ideales de la juventud de cada época coinciden en el hecho de su carácter espiritual, suelen divergir, en cambio, de una época a otra, en su contenido concreto.

En épocas pasadas no muy lejanas, esos valores tenían un marcado carácter religioso. Lo cual era consecuencia del fuerte peso que tenía entonces la dimensión religiosa de la persona en la vida social española. Aunque los valores de referencia en ese momento poseían una dimensión tanto social como individual, predominaba esta última, toda vez que se traducían en una escala de valores prevista más para el comportamiento personal del individuo que unas virtudes para el conjunto de la sociedad.

Los valores de la juventud actual parecen haber cambiado de contenido. De entrada, hay que significar que ha disminuido en la sociedad actual el peso de lo religioso-tradicional y, por tanto, la juventud de hoy, al no vivir en un ambiente general de esas características, ha compuesto un ideal de valores de referencia más laico que el anterior.

Pero lo que más llama la atención es que estos nuevos valores, sin dejar de ser espirituales, han experimentado un doble cambio: de contenido y de carácter. Lo primero, porque los valores actuales, más que con las nociones íntimas del bien y el mal, ligan a la juventud con otras preocupaciones humanas externas como la solidaridad, la protección del medio ambiente y la ayuda al tercer mundo. Y lo segundo, porque estos nuevos valores, al ser más sociales o externos que individuales o íntimos, hacen que el idealismo del joven actual tenga más clara su proyección sobre la realidad exterior que sobre su propio ámbito interno. En el ámbito de lo íntimo, nuestra juventud no ve con tanta nitidez a qué aferrarse y eso hace que, a veces, se le note un cierto desconcierto.

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