Los resentidos

La Voz de Galicia
Sábado, 7 de febrero de 2004

Casi todos solemos tener un magnífico concepto de nosotros mismos. Pero somos como somos y, más que como creemos, como nos ve la mayoría, ya que la vida depara suficientes ocasiones para que acabemos por mostrarnos tal como realmente somos. Hay casos, sin embargo, en que la forma de ser que simulamos encubre graves enfermedades del alma, como el resentimiento.

El número de los resentidos es mucho mayor de lo que creemos. Pero no es fácil descubrirlos, porque, como dice el doctor Marañón, son hipócritas y suelen revestirse de una especie de falsa virtud, que engaña a los distraídos. El doctor Marañón, en su libro sobre el emperador Tiberio, ha descrito con gran maestría los rasgos más llamativos de tan compleja forma de ser. Con sólo recordar algunos, bastará para que el lector caiga en la cuenta de cuántos resentidos existen entre sus conocidos.

Al contrario que Unamuno, que califica el resentimiento como «pecado capital» -de mayor gravedad incluso que la ira y la soberbia- Marañón lo considera como una pasión, es decir, una perturbación o afecto desordenado del ánimo. Añade este ilustre escritor que, aunque el resentimiento es fruto de una agresión, sólo anida en las almas propicias. Porque la agresión que en la mayoría causa un simple sufrimiento pasajero que se olvida, en los resentidos se enquista, permanece para siempre en el alma y acaba siendo la que rige toda su conducta.

El resentido es una persona sin generosidad, que reacciona generalmente contra el destino. No sólo son incapaces de agradecer lo que se hace por ellos, sino que acaban por transformar los favores que reciben en combustible de su resentimiento. Suelen rondar en torno a los poderosos, los cuales engendran en el resentido un sentimiento contradictorio: se siente, al mismo tiempo, atraído e irritado por el poderoso. Por eso, el doctor Marañón advierte a los poderosos que «crece a su sombra, y mil veces más peligroso que la envidia, el resentimiento de los que viven de su favor». Otra característica del resentido es la desarmonía que existe entre su capacidad real para triunfar y la que él se atribuye. Por eso, el fracaso es fruto del destino o culpa de los demás, nunca de ellos mismos; y el triunfo, lejos de curarlo, lo empeora, ya que lo reafirma en la justificación de su resentimiento.

Aunque pretenden ser cautelosos, los resentidos están transidos de una indefinible acritud que asoma con toda nitidez en su mirada, que se hace huidiza y no suele encontrase con la de su interlocutor. Una consecuencia de su habitual hipocresía es su afición a los anónimos, que son escritos, según diagnostica el doctor Marañón, no por el odio, el espíritu de venganza o la envidia, sino por la mano cobarde del resentimiento. Pero lo más grave del resentimiento es que no tiene cura, porque su única medicina es la generosidad. Y esta nobilísima pasión, como dice el maestro Marañón, nace con el alma: se puede fomentar o disminuir, pero no crear en quien no la tiene.

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