Los famosos y las indemnizaciones

La Voz de Galicia
Viernes, 16 de noviembre de 2001

En los últimos tiempos, han proliferado en todos los medios de comunicación los espacios dedicados al “cotilleo” sobre vidas ajenas. La explicación hay que buscarla, al parecer, en un repentino aumento de la curiosidad del público sobre este tipo de noticias. Pero una causa del auge actual de este fenómeno puede ser la de que los propios periodistas estén provocando, con el consentimiento y el apoyo de los medios, una constante “autoalimentación” del sector.

En efecto, mientras sigan siendo rentables, a los medios les interesa que se mantengan estos programas. Para los profesionales de la información, la continuación de estos programas implica que su trabajo, su notoriedad –que hace que lleguen a creerse ellos mismos las estrellas- y sus emolumentos irán en aumento. Así que solo queda “fomentar” la existencia de protagonistas, haciendo todo lo posible para que no desaparezca la “materia prima” noticiable.

La técnica utilizada al respecto es de lo más eficaz. A partir de unas pocas personas, que son realmente conocidas por diversas y heterogéneas razones que van desde el triunfo profesional o artístico hasta la infidelidad, se va aumentando artificialmente la “cuadrilla” de los famosos con una serie de personajes, cuya única razón para acceder al “mundo rosa” es la de ser “hijo” de alguno de aquellos, o mantener o haber mantenido una relación sentimental con cualquiera de los que ya pertenecen a ese mundo. Se configura así un conjunto de “personajillos”, de los que se dan, prácticamente a diario, tediosas noticias que revelan lo que de verdad tienen: una vida completamente vulgar, que es lógica consecuencia de la degradación del nivel de exigencia para acceder a este mundo.

Pero todos contentos: los medios porque ganan dinero, los profesionales de la información porque su trabajo está de moda, los “protagonistas” porque, además de participar en el reparto de los fondos que genera este “mundo rosa”, confunden la simple notoriedad con la fama que se conquista por la gloria, y el público porque le ofrecen lo que al parecer le interesa.

Ante este panorama, puede sorprender que algunos de estos “personajillos” reclamen ante los Tribunales la protección de su intimidad –que se traduce en el cobro de indemnizaciones-, que, en no pocas ocasiones, venden ellos mismos, obteniendo por la exclusiva importantes cantidades de dinero. Y claro, en un mercado de compraventas de este tipo de noticias, no es extraño que quienes están próximos a dichos personajes decidan, también ellos, comerciar con la intimidad ajena.

Todo esto viene a cuento, porque está siendo noticia un conflicto entre el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional a propósito de la cuantía de una indemnización, a cuyo pago fue condenada una Revista del corazón por haber publicado un reportaje en el que se vulneró la intimidad de uno de estos personajes. El Tribunal Supremo fijó la indemnización en 25.000 pesetas, mientras que el Tribunal Constitucional la estableció en 10.000.000 de pesetas. Para justificar su postura, el Tribunal Supremo recordó las cuantías fijadas para otros supuestos que se suponen más importantes, como por ejemplo la indemnización por la muerte de un obrero de la construcción al caer de un andamio, que fue también de 10.000.000 de pesetas. Desde luego, vistas así las cosas no le falta razón al Tribunal Supremo.

Sin embargo, existe una diferencia importante entre ambos supuestos. Y es que del hecho mismo de la muerte del obrero, nadie obtiene un beneficio directo, mientras que de esos actos de intromisión en la intimidad de los “famosos”, obtienen beneficios el medio que publica la noticia y, en su caso, el tercero que vende la exclusiva. Por eso, si la cuantía de las indemnizaciones fuese muy baja, se podría estar incentivando las intromisiones ilegítimas en la intimidad. Y si puede llegar a repugnar que sea indemnizado uno de estos personajes que airean, mediante precio, su intimidad, lo mismo puede suceder con el hecho de que los medios y los terceros  puedan obtener notables beneficios por las noticias sobre las intimidades ajenas.

Tal vez por todo ello cabe pensar en una reforma nuestra legislación, que permita a nuestros Tribunales tener en cuenta la verdadera realidad de “estas nuevas profesiones” que viven, y muy bien por cierto, de convertir en noticia su propia intimidad. A tal efecto, se podría prever, pero solamente para los casos de estos “profesionales”, una nueva distribución de las indemnizaciones, que, en una parte muy reducida, serían para el afectado y, el resto para instituciones benéficas. De esta manera, los beneficios que pudiesen obtener los medios por la insana curiosidad del público tendrían, al menos, un destino mucho más noble.

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