Los bancos y la circulación del dinero

La voz de Galicia

Una de las maneras más fáciles de tener éxito con los lectores es escribir a favor de la corriente. Al estar hoy bastante difundida la opinión de que los bancos son los enemigos de los ciudadanos, lo mejor para ganarse al público es zurrarles la badana. Pero como hay que escribir no para cosechar aplausos, sino para decir lo que de verdad se piensa, voy a exponer mi opinión sobre los bancos y la circulación del dinero, aunque ello irrite a más de uno.

De entrada, conviene detenerse en dos ideas importantes: quiénes son los bancos y en qué consiste básicamente su actividad. Los bancos son empresarios mercantiles que organizan capital y trabajo para desarrollar una determinada actividad económica. Al igual que en toda sociedad anónima, los dueños de los bancos son los accionistas: una multitud de ahorradores que invierten dinero comprando acciones para recibir cada año el dividendo que reparte el banco. Como las acciones son acumulables, los que más reúnen suelen gobernar el banco desde el consejo de administración, de acuerdo con el principio de que manda más quien más arriesga. Forman parte también del banco sus trabajadores, quienes desde sus distintas responsabilidades son los llamados a desarrollar diariamente la operativa del negocio. Finalmente, y en cierto modo, son asimismo banco los ciudadanos que tienen sus ahorros depositados en las cuentas bancarias.

La actividad principal del negocio bancario es intermediar en la circulación del dinero. Dicho más claramente: los bancos captan dinero de los ciudadanos a cambio de un interés y lo prestan después a los que lo precisan, cobrándoles un interés superior al que les pagan a sus depositantes. En la diferencia entre lo pagado por el dinero captado y lo cobrado por el dinero prestado reside una parte de los ingresos del banco.

Así las cosas, es evidente que los depositantes de dinero tienen una posición contrapuesta a la de quienes lo piden prestado. Para los depositantes, es esencial que el banco remunere sus fondos, y para ello es imprescindible que los que piden dinero prestado lo devuelvan con el interés correspondiente. Porque si los que obtienen dinero a crédito no lo devuelven, el banco tendrá menos dinero para prestar y la multitud de ahorradores que tienen depositados sus fondos en él correrán el riego de perderlos.

Vista así la cuestión, parece que el verdadero enemigo de los ciudadanos no es el banco en sí, sino el que no devuelve el dinero que ha pedido prestado. Es posible que no pueda hacerlo por un cambio inesperado de circunstancias. Pero incluso en ese caso el deudor que no paga no deja de ser responsable, junto con los dirigentes del banco por no haberse asegurado debidamente de que podía devolverlo. A todo lo dicho, hay que añadir que existe una autoridad, el Banco de España, que está encargada de vigilar y supervisar la actividad bancaria. Por eso, si una de las causas de la actual crisis bancaria es que los bancos prestaron dinero a deudores que no podían devolverlo, la pregunta es: ¿cumplió debidamente el Banco de España su labor de vigilancia?

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