Legitimidad fuera de duda

La Voz de Galicia
Domingo, 3 de abril de 2005

La Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES), acaba de presentar una obra audiovisual con su particular visión de la influencia que tuvieron el atroz atentado del 11-M y la consiguiente conducta del PSOE en el resultado de las elecciones del pasado 14 de marzo del 2004. La versión que contiene esta obra, que gustará a unos y desagradará a otros, viene a añadirse a la información que, desde entonces y a través de distintos caminos, hemos ido recibiendo los ciudadanos. Pero no añade nada nuevo sobre los puntos esenciales de quiénes fueron los verdaderos autores del atentado (los materiales y los intelectuales) y cuáles eran los fines que perseguían.

De todas las sensaciones que provoca la obra, la más preocupante es que parece poner en duda la legitimidad del resultado de las pasadas elecciones generales. Porque lo que acaba sugiriendo es que el PSOE tuvo «algo que ver» con el atentado y que, en todo caso, se aprovechó de él electoralmente, razón por la cual, ganadas las elecciones, ya no le interesa la verdad y se niega a que prosigan las investigaciones.

Dudar de la legitimidad de la victoria electoral del PSOE significa cuestionar que dicho partido ganó las elecciones respetando lo previsto en las leyes. Lo cual supone mantener de manera permanente una sombra de sospecha sobre la propia acción de gobierno del partido en el poder. Para mí tengo que una visión de lo sucedido, entre los días 11 y 14 de marzo del pasado año, desde la objetividad de la ley, lleva a la conclusión de que no se debe dudar de la legitimidad del triunfo del PSOE en las últimas elecciones.

Nuestra Constitución dispone que las elecciones se realizarán mediante el sufragio universal, libre, igual, directo y secreto. De todas estas características, la única que se pone en duda cuando se cuestiona la legitimidad de la victoria del PSOE es la del voto libre; es decir, un voto emitido con la plena facultad de optar por cualquier partido, sin estar, por tanto, coaccionado mediante fuerza o violencia. Pues bien, así entendido el voto libre, no creo que pueda dudarse de que el pueblo español votó libremente el 14 de marzo del 2004. Otra cosa es si, dadas las circunstancias de aquel momento, el voto fue más o menos reflexivo o emocional ; o si la situación de angustia y de rabia en la que estaban sumidos los electores, transformó en votos a favor del PSOE algunos que hasta entonces iban a ser abstenciones. Lo cual, unido al voto creciente del PSOE que anunciaban las encuestas, y a los errores del último año de gobierno del PP y a su desafortunada campaña electoral, hizo que ganara la oposición.

Podrá gustar el resultado más o menos, pero lo cierto es que la ley, óptica en la que hay que situarse, no exige que el voto sea reflexivo, ni que no sea emocional, ni tampoco que la inicial decisión de votar o de abstenerse ya no pueda ser modificada por causa alguna. Por eso, en lugar de malgastar sus esfuerzos en revisar el pasado próximo o lejano, los partidos mayoritarios deberían dedicar todas sus energías a las tareas que les demandan los ciudadanos.

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