Las personas de sombra

La Voz de Galicia
Domingo 17 de abril de 2011

Los tiempos que vivimos son mentalmente abrasadores. Es posible que haya habido otros iguales o peores, pero no nos ha tocado padecerlos. El culto excesivo que ofrendamos a las cosas materiales, consecuencia de la sociedad de consumo, nos obliga a una despiadada y salvaje competitividad cuyo último objetivo es resistir una carrera desenfrenada para adquirir bienes. El modelo con el que nos tientan de «eres tanto cuanto tienes» se ha convertido en la principal característica de una época en la que se incita a la generalidad a cuidar poco del entendimiento. La sociedad actual parece haber renunciado a la equilibrada recomendación de Juvenal, mens sana in corpore sano, y pregona que desatendamos irresponsablemente la salud del intelecto sin que tampoco nos importe demasiado la del cuerpo.

La consecuencia de todo ello es que están aumentando de modo alarmante las personas de sombra. Y es que así como hay plantas de sol, de sombra y versátiles, se podría hablar también de personas de luz, de oscuridad y adaptables tanto a la luminosidad como a la umbría. De las personas de sol, esto es, las que sintetizan en su ser con extraordinario provecho las condiciones favorables de la vida, no hay mucho que decir porque son las menos y lo resisten casi todo. Tienen el espíritu fuerte, son muy capaces y activas, están llenas de energía y, por irradiar fulgor, no dejan a nadie indiferente: las admiran, los menos; las envidian sanamente, los más; y hasta hay quien las odia injustificadamente. A la categoría de los versátiles pertenecemos la gran mayoría, por lo cual tampoco presenta demasiado interés. Lo somos porque tenemos un activo dotado de virtudes y un pasivo cargado de defectos. La capacidad para soportar la presión de la codiciosa competitividad depende de lo que pese más en cada uno de nosotros: cuanto mayor sea el poder del activo mejor paliará las carencias del pasivo, siempre opaco y gris.

Las que requieren toda la atención son las personas de sombra. Suelen poseer una elevada inteligencia, pero su espíritu es tan frágil que soportan mal estos tiempos de desnutrición del pensamiento. Es como si su interior hubiera sido esculpido en ceniza y hubiese que resguardarlo para que no se desmorone a la primera ráfaga de viento. Por eso, no suelen abrirse, guardan para sí y sus más allegados ese interior volátil y quebradizo golpeado por la dureza del entorno en el que habitan. No es fácil saber cuándo se está ante una persona de sombra, porque en ocasiones se muestran tan fuertes como las versátiles e incluso hay veces que podrían llegar a ser confundidas con las de sol. Lo aconsejable es observarlas detenidamente y mirar más allá de sus intermitentes momentos de fulgor hasta descubrir la endeblez de su espíritu.

Lo malo es que no podemos evitarles tanta hostilidad. Pretenderlo sería tanto como tratar de impedir que las plantas de sombra recibieran la luminosidad imprescindible para hacer su fotosíntesis. Pero en nuestras manos está cambiar paulatinamente de objetivos: promocionar el ser por delante del tener. Porque los seres de sombra solo podrán adaptarse a la dura realidad si dejamos de obligarlas a competir salvajemente por acumular cosas en lugar de pensamientos.

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