La sensibilidad creadora

La Voz de Galicia
Domingo, 20 de septiembre de 2009

En su novela “La vida ante sí”, Romain Gary, hace decir a Mohammed, el joven protagonista de la historia, que el Dr. Katz le había pronosticado que “sería muy diferente, ¿como un poeta?”. A lo  que el señor Hamil le responde: “Tú eres un niño muy sensible, Mohammed. Eso te hace muy distinto a los demás”. En ese pasaje, el autor que ganó (dos veces) el Goncourt relaciona la sensibilidad, el ser muy diferente y la condición de poeta. De tal suerte que viene a afirmar que tener mucha sensibilidad le hace a uno muy diferente a los demás, hasta el punto de poder llegar a ser poeta.

Si por sensibilidad se entiende “facultad de sentir, propia de los seres animados”, es claro que todos la poseemos. Por lo tanto, no es a esa sensibilidad a la que se refiere el prestigioso novelista francés de origen ruso. En cambio, si se entiende en el sentido de propensión natural del hombre a dejarse llevar de los sentimientos de compasión, humanidad, pena o dolor, ya son menos los que pueden ser calificados como personas sensibles. Pero la sensibilidad, como otras cualidades del ser humano, admite grados. Hay personas dotadas de una gran sensibilidad, y otras –los más- que la poseen en escaso grado. Pues bien, los que llegan a ser muy distintos a los demás son justamente los que tienen sensibilidad en un alto grado.

Esa gran sensibilidad, en tanto que cualidad interna, puede quedar retenida en el espíritu o puede llegar a exteriorizarse convertida en una fuerza creadora que genera obras capaces emocionarnos. En la mayor parte de las personas muy sensibles, esta cualidad suele permanecer encerrada en su interior, aunque ello no impide que, en algunas ocasiones, pueda exteriorizarse. Pero, como carece de un soporte sensible duradero, esta manifestación de sensibilidad solo es captada en el momento de producirse: es como un destello instantáneo, que solo se percibe mientras dura. Hay personas, en cambio, que traducen su intensa sensibilidad en una fuerza motriz que, al ser aplicada sobre realidades perceptibles, engendra creaciones del espíritu duraderas que hacen gozar nuestros sentidos, como sucede con las obras de la literatura, de la música o de las artes plásticas.

Seguramente, son muchas las causas que pueden explicar por qué ciertas personas logran encauzar su enérgica sensibilidad interna hasta llegar a convertirla en esa capacidad creadora de obras emocionantes. Pero entre tales causas suelen mencionarse ciertos acontecimientos íntimos que golpean al ser sensible y que le causan, por lo general, un gran dolor. Esos sucesos que “excitan” intensamente su sensibilidad adormecida son los que acaban convirtiendo al ser simplemente sensible en un genio creador. Si se repasa la vida de los autores de las más grandes obras del espíritu, no será difícil descubrir esos acontecimientos. En el caso de Mohammed, lo que hacía presagiar su futura condición de poeta fue haber sido abandonado de niño por sus padres en casa de una ex prostituta judía, la humana Señora Rosa, para la que el sensible muchacho árabe llegó a ser el único sentido que tenía su triste vida.

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