La seducción política

La Voz de Galicia
Miércoles, 21 de mayo de 2003

En estos días, los políticos que se disputan los ayuntamientos y comunidades autónomas están intentando seducir (en su acepción de embargar o cautivar el ánimo) a los electores para conseguir su voto. A tal efecto, están enviando mensajes políticos para mover la voluntad de los votantes en favor de sus candidaturas.

Seriamente miradas las cosas, los electores tenemos derecho a que los elegibles ciñan sus propuestas al ámbito de las facultades propias del cargo al que aspiran. Y ello, desde la distinta perspectiva en la que contienden. Los que han gobernado deben, en primer lugar, rendir cuentas de su gestión. Cosa que exige someter a contraste público lo anteriormente prometido y lo realizado, con el fin de comprobar el grado de cumplimiento de sus promesas electorales. Hecho esto, deberían justificar lo que no pudieron hacer y exponer lo que se proponen para el próximo mandato. Algo muy similar sucede con los que han estado en la oposición. Aunque éstos no fueron llamados para ejecutar lo que prometieron, no están exentos de justificar sus actuaciones, porque han ocupado un cargo público y, por lo mismo, deben dar cuenta de su actuación. Y como concurren a unas elecciones deben exponer asimismo su programa para ganarse la confianza de los votantes.

En todo caso, se trata de hablarles a los votantes de lo municipal y lo autonómico. Si las competencias de los cargos por los que compiten están claramente determinadas en la ley, no parece que tenga mucho sentido que los elegibles se refieran en sus discursos a cuestiones que nada tienen que ver con tales competencias. Porque sobre estas cuestiones, que nada tienen que ver con los cargos a que aspiran, no se les podrá exigir responsabilidad.

Sin embargo, vemos con excesiva frecuencia que los líderes de los distintos partidos -que, por cierto, no concurren como candidatos a las presentes elecciones- se refieren en sus discursos a hechos de carácter general que muy poco, o nada, tienen que ver con las competencias de los ayuntamientos y comunidades autónomas. Estos mensajes generales -a los que recurren todos los partidos, aunque en distinta medida-, al solaparse con los otros mensajes, acaban por convertirse en mañas para distraer la atención de los electores sobre el asunto para el que se les convoca. Y esto nos sitúa en una suerte de seducción política, entendida no en el sentido anteriormente indicado de embargar o cautivar el ánimo , sino en otro más peyorativo de engañar con arte y maña .

La correcta o incorrecta actuación de cada partido político sobre acontecimientos de carácter general es una factura que debe pasarse y, en su caso, cobrarse en el momento que corresponda. Si se insiste en hacerlo ahora, se estará ante un cobro indebido por anticipado .

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