La política de los carapatrás

La Voz de Galicia
Martes, 20 de febrero de 2007

EN LA VOZ del 3 de junio del 2001 publiqué un cuento que situaba imaginariamente en el País Vasco y que titulé En el país de Carapatrás . En este relato había unos personajes, que denominé los carapatrás, que caminaban hacia el frente pero con la cara vuelta hacia atrás, revelando con ello su desprecio por el futuro y un interés exclusivo por el pasado.

Aunque los carapatrás del cuento eran los radicales de la izquierda nacionalista vasca, voy a recurrir a esta imagen para explicar gráficamente la actitud de algunos de nuestros políticos, que, por supuesto, no tienen nada que ver con los del cuento, pero que hacen política mirando para atrás con más frecuencia de lo que sería deseable.

Me refiero al debate político en el que el Gobierno responde a las críticas de la oposición no con las razones en las que se fundamenta su postura y que sirven, por lo mismo, para rebatir las del adversario, sino con un único argumento que puede resumirse así: «ustedes hacían lo mismo cuando estaban en el Gobierno». Esta forma de responder a las críticas de la oposición, además de empobrecer el debate político, de suponer un cambio inusitado de papeles entre la oposición y el Gobierno y de resultar totalmente ineficaz para defender los intereses de los ciudadanos, encierra un verdadero contrasentido y, lo que todavía es peor, nos ahoga en el pasado, impidiéndonos encarar los retos del futuro.

Un ejemplo permitirá aclarar a qué me refiero. Estos días se preguntó en un programa de radio a un destacado político del partido en el Gobierno si se iba a excarcelar o no al terrorista De Juana Chaos y su respuesta fue que durante el Gobierno de Aznar también se produjeron excarcelaciones de etarras condenados por asesinato.

Responder a las críticas del modo indicado es un contrasentido, porque hay que suponer que, en el tiempo en que los papeles estaban cambiados y el Gobierno de hoy era entonces oposición, ésta, en cumplimiento escrupuloso de su papel, habría criticado lo que hacía entonces el Gobierno. Por tanto, responder desde el poder a las críticas de la oposición, diciendo que cuando la oposición estaba en el Gobierno hacía lo mismo que ahora critican, sirve como mucho para denunciar una posible incoherencia entre las posturas que se mantienen siendo Gobierno y las que se adoptan siendo oposición. Pero la denuncia por el Gobierno de esta posible incoherencia de la oposición no convierte, sólo por ello, en acertada la acción de gobierno.

Una concreta actuación del Gobierno será acertada porque satisface convenientemente los intereses de la generalidad, pero no simplemente por el hecho de que la oposición hizo lo mismo cuando estaba en el Gobierno. Convertir el discurso político en un juego de reproches para poner al descubierto las incoherencias del adversario podrá dejar muy satisfechos a los contendientes, pero produce en los ciudadanos una amarga sensación de desatención de sus problemas reales.

Pero con ser negativo y criticable este modo de hacer política, lo peor es que invita a sospechar que la imparable tendencia de los políticos a convertirse en carapatrás es una nefasta consecuencia de la cada vez más creciente profesionalización de la política, que obliga a conservar el puesto de trabajo a toda costa, con la consiguiente pérdida de vista de la noble función para la que los hemos elegido.

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