La ira en el conflicto de las preferentes

La voz de Galicia

Hay que ponerse en la piel de quienes han sido alevosamente privados de sus ahorros para valorar sus airadas reacciones. La gran mayoría de ellos han sido víctimas de un plan pergeñado -no tengo datos para afirmar si con buena o mala fe- por las cúpulas directivas de ciertas entidades de crédito, que se llevó a cabo entre mediados del 2005 y finales del 2009. Durante estos años, las sucesivas emisiones de preferentes, por un importe de casi mil cien millones de euros, tuvieron por finalidad resolver un problema particular de tales entidades: aumentar sus insuficientes recursos propios.

Con este fin, sus empleados fueron instruidos para convencer a los pequeños ahorradores de que adquirieran, con el dinero que tenían en los depósitos a plazo, unos productos financieros, las participaciones preferentes, denominación tan sugerente como engañosa. El cebo para los clientes era la obtención de un interés más alto que el de los depósitos, pero se guardaba silencio sobre datos tan relevantes como que a partir de entonces el depósito de dinero, seguro y líquido, se convertía en un producto financiero sin una fecha de vencimiento determinada (era, por tanto, una inversión de tipo perpetuo) y con una liquidez prácticamente inexistente porque no existía un mercado secundario real para venderlo.

La nacionalización posterior de las indicadas entidades de crédito revela que ni siquiera con la tropelía de las preferentes llegaron a resolver el problema de la insuficiencia de sus recursos propios. En cambio, lo que sí consiguieron fue arruinar a muchas familias modestas que vieron disminuir o desaparecer, como por arte de magia, los ahorros de toda una vida. ¡Cómo no va a generar una ira incontenida una situación como esta!

Ahora bien, ¿están los preferentistas descargando su indignación contra los verdaderamente responsables? Es posible que les digan que eso no importa, que lo que conviene es protestar ruidosamente para sensibilizar a la sociedad. Lo que sucede es que canalizar la ira contra los que no han tenido ninguna responsabilidad puede resultar tan injusto como lo que les han hecho a ellos. Acosar a alcaldes, concejales o al partido que gobierna en Galicia, que no han tenido nada que ver en la colocación masiva de las preferentes, supone engañar de nuevo a los afectados: hay desaprensivos que están manipulando su estado emocional y los utilizan como arma arrojadiza en la lucha política.

Y digo lo que antecede porque si a los Gobiernos de Galicia y de la nación, y, sobre todo, al Banco de España, de aquellos años, les hubiera preocupado algo la economía del pueblo, habrían prohibido la colocación masiva de preferentes entre los modestos ahorradores. Lo que sorprende de todo el conflicto es la enorme habilidad de los responsables de la colocación masiva de las preferentes en el ahorro popular, que están logrando que los preferentistas no los culpen a ellos, sino a sus adversarios políticos

 

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