La integración de nuestros inmigrantes

La Voz de Galicia
Sábado 16 de octubre de 2010

Visto desde España, inmigrante es el sujeto natural de otro país que llega al nuestro para establecerse en él con idea de permanencia. Que su estancia sea más o menos permanente depende en gran medida de su integración; esto es, que acabe siendo de verdad uno de nosotros: un vecino más, un compañero de trabajo, un cliente. Y que sus hijos sean considerados sinceramente por los nuestros como compañeros de clase y de juegos.

En una aproximación superficial, puede parecer que la población inmigrante en España está débilmente integrada. A esta idea desacertada puede contribuir el hecho de que en las noticias sobre los actos delictivos se recalque con demasiada frecuencia el origen foráneo de sus presuntos autores. Con lo cual, se está enviando un mensaje subliminal de falta de integración y de pertenencia a la marginalidad. Otro hecho que puede contribuir a esta creencia es que los propios inmigrantes, y en función de sus orígenes nacionales, tienden a constituir núcleos de población más o menos herméticos que prefieren permanecer como colonias aisladas. Sin embargo, lo cierto es que, sin dejar de ser lo que son -porque no tienen por qué hacerlo- la mayoría de los inmigrantes están bastante integrados en España que es su nuevo país de residencia. Así lo demuestra un reciente y muy interesante estudio del Strategic Research Center de la EAE Business School titulado Las condiciones de vida de la población inmigrante en España.

Entre las conclusiones principales a las que llega dicho estudio, destacan dos de carácter general. La primera es que la población inmigrante, que no ha dejado de crecer desde principios del año 2000, está constituida actualmente por uno de cada ocho habitantes. Y la segunda es que los inmigrantes han emprendido decididamente el camino de su integración entre nosotros, lo cual ha transformado significativamente sus condiciones de vida.

Aunque detenerse en cifras siempre es tedioso, no queda más remedio que referirse a ellas para ver hasta qué punto se ha producido tal integración. Así, el número de hogares de residentes extranjeros asciende a más del 10% del total, y de este porcentaje más del 60% proceden de países no europeos. Según el número medio de los que componen un hogar, el de los inmigrantes es un 23% mayor que el formado por españoles: 3 personas en aquel por 2,67 en este. Con respecto a la propiedad, los españoles son propietarios de su vivienda en el 85% de los hogares, mientras que solo lo son el 32% de los inmigrantes procedentes de países no europeos. El nivel medio de gasto anual de un hogar español se cifra en 32.515 euros, siendo de 25.361 euros (un 28,2% inferior) el de los inmigrantes de países no europeos. Finalmente, mientras que el 33% de los hogares españoles no pueden permitirse vacaciones o afrontar gastos imprevistos, este porcentaje llega aproximadamente al 60% de los inmigrantes de países no europeos.

Las cifras revelan que los inmigrantes se van integrando, aunque todavía viven peor que los españoles. Pero confirman también que seguramente viven mejor que en sus países de origen.

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