Internet frente a los libros

La Voz de Galicia
Domingo, 30 de agosto de 2009

Uno de los consejos que, según Mario Bunge, le dio su maestro Guido Beck para hacer con rigor un trabajo de investigación fue: “sé dueño de la literatura, no su esclavo”. Con esta recomendación, se pone en guardia al investigador sobre el más que probable exceso de bibliografía sobre el tema en cuestión y sobre la conveniencia de seleccionar la más fundamentada. Algo parecido acaba de declarar Jimmy Wales, el padre de Wikipedia, en la Voz de Galicia del pasado miércoles 26 de agosto: “a los jóvenes les deberían enseñar cómo lidiar con tanta información”.

En ambos casos, se habla del exceso de información, pero contenida en instrumentos diferentes: los libros y revistas científicas en el consejo de Beck, e Internet en la frase de Wales. Y también en ambos supuestos, se alude a la necesidad de seleccionarla. La diferencia entre ambos medios es que el caudal de conocimiento contenido en los libros es más controlable y, por eso mismo, más fácil de seleccionar, que el que circula por Internet. Pero frente a esta ventaja del libro, se alza el inconveniente de la rapidez en el acceso a la información que es incomparablemente mayor en Internet. Todo lo cual suscita cuestiones como la de si estamos ante dos vehículos de información enfrentados y, en caso afirmativo, cuál de los dos es superior.

Aunque difieran en su propia corporeidad y en la época histórica de su aparición, el libro e Internet tienen en común que son portadores de las ideas que escribimos. Desde esta perspectiva, no estamos, pues, ante instrumentos enfrentados, sino más bien medios complementarios de almacenar información. Pero si esto es cierto, también lo es que la distinta facilidad para introducir los conocimientos en ambos instrumentos, que es vertiginosa en Internet y mucho más lenta en los libros, induce a pronosticar mejores perspectivas de futuro al primero que a los segundos.

Sin embargo, la propia facilidad y rapidez de acceso a la información en el doble camino de ida y vuelta –suministro y uso-, que es la principal ventaja de la Red, implica también, mientras no se remedie, su principal inconveniente, la falta de fiabilidad. Y es que, frente a lo que pudiera parecer, no toda la información que figura en Internet está debidamente contrastada. Las múltiples y muy dispares fuentes de información que acceden a la Red hacen que sean erróneos muchos datos que figuran en la misma. Cosa que es mucho menos frecuente en los libros y revistas.

Y por aquí se llega al problema de seleccionar la información, que tiene mucho que ver con el tipo de trabajo que vaya a realizarse. Si hay que documentarse con urgencia sobre algo, Internet es un instrumento imbatible. Pero siempre que no se de por buena la primera información que se obtenga, ya que hay que intentar, si es posible, contrastarla. Si se trata de investigar con rigor, y por tanto, pausadamente, se debe acudir a los libros y revistas. En este caso,  Internet también puede ayudar a buscar la bibliografía disponible. Cuestión distinta –y eso ya no lo da la Red- es saber seleccionarla.

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