Escaparate de intereses

La Voz de Galicia

De todos es sabido que un escaparate es un ventanal que hay en las fachadas de las tiendas para mostrar los géneros que se venden. Ayer el Senado, lugar que albergó la sesión del Congreso de los Diputados, fue un verdadero escaparate en el que el Gobierno y los partidos de la oposición nos mostraron a todos los españoles los intereses que defienden actualmente.

Es verdad que el interés suscitado por la comparecencia de Mariano Rajoy era grande. Las sucesivas versiones del extesorero del partido, en función de la estrategia más conveniente para él en cada momento, debidamente jaleadas por algunos medios de comunicación, habían creado la expectativa de que el presidente del Gobierno iba a pasar, como mínimo, un mal trago. Pero la sesión parlamentaria sirvió para poco. Entre otras razones, porque en un momento en el que se difunden en los medios de comunicación y, sobre todo en las redes sociales, contenidos que entremezclan sin depurar con el debido rigor hechos, opiniones, especulaciones y hasta ficciones, la mayoría de los que siguen la opinión publicada tenía formada su opinión antes de escuchar a los intervinientes. Y ninguno defraudó: todos exhibieron en el escaparate parlamentario sus distintos intereses.

El Gobierno y el PP defendieron su honorabilidad y la necesidad de mantener la estabilidad política actual para seguir saliendo de la crisis. Y los que querían creer al presidente del Gobierno escucharon una intervención muy sólidamente argumentada y unas respuestas a los discursos de la oposición que hicieron creíble lo sustancial de la posición del PP. A saber: que más que en los conceptos por los que algunos dirigentes del partido recibieron fondos complementarios que declararon a Hacienda, había que fijarse en que un ex-tesorero desleal había acumulado una fortuna considerable sin explicar su origen.

El principal partido de la oposición, como si fuera Jano con dos cabezas, con una acusaba de corrupción al partido en el Gobierno y con la otra miraba horrorizado el escándalo de los ERE, por lo cual el interés que mostraba en el escaparate era cuando menos contradictorio. Pero los que deseaban creer al líder de la oposición también pudieron disfrutar con su intervención: dijera lo que dijera Rajoy, tenía escrito en el guion que había que pedir su dimisión y así lo hizo. Los partidos minoritarios aprovecharon el río revuelto para tratar de ganar adeptos y debilitar el bipartidismo. Lógicamente, les vendrían bien unas nuevas elecciones.

Personalmente, eché en falta en algunos un compromiso con el interés general de España. Estamos en un momento tan delicado que tenemos que hacer un ejercicio de responsabilidad y pensar que la suerte que corra España nos afectará a todos.

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