El nivel de nuestros actuales parlamentarios

La Voz de Galicia
Viernes, 11 de abril de 2008

Estoy convencido de que a una buena parte de los ciudadanos no les preocupa demasiado el nivel de preparación de nuestros actuales parlamentarios. Y hasta es posible que no les falte razón, porque con la que está cayendo sobre sus economías domésticas, parece secundario sentir inquietud sobre una cuestión tan aparentemente poco importante como la de la formación de sus políticos. Pero, siendo esto cierto, también lo es que puede haber personas -entre las que me cuento- a las que les gustaría que los representantes de la soberanía nacional tuvieran una preparación lo más completa posible.

En el debate de investidura me sentí avergonzado cuando la afirmación del presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, «vamos a proceder al sorteo por el sistema de insaculación», fue recibida con una gran carcajada por parte de sus señorías. Tal actitud solamente puede obedecer a que desconocían el significado de la palabra insaculación y, lo que es peor, al hecho de que, desconociendo su acepción gramatical, en lugar de proceder con la prudencia del listo pero ignorante, le asignaran una connotación sexual.

Desconozco cómo se sintió Bono cuando intentó atajar la carcajada parlamentaria explicando que insacular consistía en «sacar del saco el número del primer parlamentario» (en rigor, insacular, más que «sacar de un saco», significa «meter en un saco» los números de los parlamentarios para sacar después uno por sorteo). Pero supongo que si tiene la preparación que aparenta, muy bien podría haberse repetido en su interior la conocida exclamación del conde de Romanones:  «¡Vaya tropa!».

No ignoro que la expresión «insacular» no es un término de uso frecuente en el lenguaje general. Ni tampoco que se trata de una palabra utilizada sobre todo en el lenguaje jurídico. Razón por la cual se podría tratar de disculpar a sus señorías diciendo que no tienen por qué conocer un lenguaje técnico, como es el del mundo del Derecho. Pero por mucha que fuera nuestra benevolencia, es de todo punto indisculpable la ignorancia -y hasta la osadía- que demostraron dichos parlamentarios, ya que es precisamente en las Cortes Generales donde se elaboran las leyes. Y mal se puede legislar si se desconoce el lenguaje del Derecho.

Aterra pensar que los partidos políticos hayan incluido en las listas para ser miembros del Congreso a personas que lleguen ignorando la significación de una palabra de amplia utilización en el mundo del Derecho. Pero, con ser esto preocupante, todavía lo es más que hicieran ostentación de su ignorancia. Porque tal vez la peor de las combinaciones posibles es la del ignorante atrevido. Solo nos queda confiar en que este mal comienzo sea un incidente aislado y que el buen clima que parece existir en el comienzo de esta legislatura no vuelva a producir «calenturas» como la que comentamos.

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