El cineasta Almodovar

La Voz de Galicia
Domingo, 21 de marzo de 2004

En las pasadas elecciones del 14 de marzo, Pedro Almodóvar ha originado dos noticias que tuvieron una amplia repercusión: difundió el rumor sobre un supuesto intento de golpe de estado por parte del PP para impedir la celebración de las elecciones y, tras excusar previamente su ausencia, no formó parte  como vocal de una mesa electoral. Evidentemente, no es la única persona que se ha hecho eco de ese rumor y que ha sido sustituida en la mesa electoral por su suplente. La noticia no ha estado, pues, en los hechos, sino en su protagonista: un conocido director de cine.

Tal vez por ello, las declaraciones de Almodóvar sobre el presunto intento de golpe de estado han sido valoradas de dos maneras radicalmente diferentes. Hay quien ha calificado su comentario como calumnia y le ha llamado “titiritero” y difamador. Y hay quien, después de aceptar sus disculpas, ha pedido que “termine la caza de Almodóvar”. Estas reacciones tan extremas se deben con mucha probabilidad a que se sobrevalora la figura del cineasta Almodóvar.

El cine es una forma de arte -se le llama “el séptimo arte”- y, como dice W. Somerset Maugham en su obra “Diez grandes novelas y sus autores”, la finalidad del arte no es instruir, sino deleitar. Refiriéndose al arte de la novela, dice este autor que “el novelista no tiene por qué ser más que novelista. Con eso basta si es un buen novelista”. Y añade: “No tiene por qué comerse un cordero entero para saber a qué sabe la carne de lechal; le basta con tomarse una chuleta. Después, aplicando su imaginación y su facultad creadora a la chuleta que ha degustado, puede ofrecernos una idea bastante atinada de cómo es el cordero guisado al estilo irlandés; pero cuando de eso pasa a sacar a colación sus ideas sobre las crías de las ovejas, la industria lanera y la situación política en Australia, lo más prudente es aceptarlas con reservas”.

Lo mismo puede decirse de Almodóvar: no tiene por qué ser más que un cineasta. Al igual que la novela, la obra cinematográfica no busca la verdad ni aspira a ser creída. Cuando aquél escribe un guión y dirige su película, no puede prescindir de sus inclinaciones personales. A través de la ficción, nos ofrece su particular visión de la realidad, nos transmite sus conocimientos que, en cuanto suyos, son parciales y, por lo tanto, no muy fidedignos. Por eso, en cada historia que cuenta, rara vez deja de tomar partido, su relato va impregnado de su forma ser: y así como el vapor anuncia el calor de un líquido, así la obra del cineasta rezuma sus instintos y sentimientos. Pero el cineasta sólo es un artista y su crédito se agota en lo que es: cuando habla de política es como cualquiera de nosotros, sus opiniones no reciben suplemento alguno de credibilidad por el hecho de pertenecer al séptimo arte.

En cuanto a la falta de asistencia a la mesa electoral, la Junta Electoral ha iniciado la correspondiente investigación con el fin de decidir si estuvo o no justificada y actuar en consecuencia, sin que su notoriedad haya de jugar a su favor o en su contra: también en esto un cineasta es como cualquier ciudadano.

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