El acierto en la gestión de los clubes de fútbol

La Voz de Galicia
Domingo, 23 de septiembre de 2007

Actualmente, los clubes españoles de fútbol de Primera y Segunda son empresas sociales (sociedades anónimas deportivas) -menos cuatro, que son asociaciones de derecho privado-, que tienen como actividad económica principal participar en competiciones oficiales de ámbito nacional y, en su caso, internacional. Pues bien, para valorar la gestión de todo club de fútbol, hay que situarse, al menos, en una doble perspectiva: la interna de los propios clubes y la externa de la actividad deportiva que desarrollan.

En el ámbito interno, una buena gestión obliga, ante todo, a tener en cuenta el interés social de la propia SAD, que está integrado por el interés de los socios (no solo el de la mayoría), el de los trabajadores (entre los que figuran los futbolistas), el de los acreedores del club, e incluso el interés económico general. En el ámbito externo, una buena gestión obliga a tratar de obtener el mayor éxito posible en las competiciones deportivas en las que participe el club. Pero así como en el ámbito interno la gestión del club de fútbol apenas se diferencia de la de cualquier otra empresa, en el ámbito externo presenta algunas singularidades que pueden acabar afectando a la esfera interna.

La razón de ello es que la finalidad de todo club es competir, rivalizar con los demás en disputa de la mejor clasificación posible en un campeonato organizado en forma de espectáculo para divertir a la pluralidad de aficionados que lo presencien, sea personalmente o a través de cualquier medio de comunicación. A esto hay que añadir que, lejos de contemplar pasivamente ese espectáculo, el propio carácter competitivo hace que el aficionado vuelque en él una auténtica pasión; es decir, una inclinación vehemente por los propios colores que acaba por desordenar su ánimo y, lo que es peor, muchas veces el de los propios gestores del club, que dejan de actuar con criterios racionales y profesionales, para convertirse en verdaderos forofos.

Por esa razón, no es fácil saber cuándo es acertada la gestión de un club de fútbol. Si nos situamos en la óptica de los aficionados (muchos de los cuales son, a su vez, socios de la SAD) solo es acertada la gestión que desemboca en triunfos deportivos, sin importar lo más mínimo la situación económica del club. En cambio, desde la perspectiva del interés social de la SAD, una gestión es acertada si compagina una situación económica saludable con la obtención de los mejores resultados posibles en las competiciones deportivas. La cuestión reside, por tanto, en determinar en cuál de estas dos ópticas debemos situarnos para calificar la gestión.

En mi opinión, hay que situarse en la óptica del interés social y no en la perspectiva de los aficionados. Y ello porque se trata de valorar la gestión al frente de una SAD que, como el caso de cualquier otra sociedad anónima, debe ser desempeñada con la diligencia de un ordenado empresario y de un representante leal. Lo cual significa que el gestor debe conducirse con arreglo a pautas de rigor y profesionalidad, tanto en el ámbito interno de la gestión del club como en el ámbito de la participación en las competiciones deportivas. Por eso, no se puede separar la gestión económica de la deportiva: no se puede ser un buen gestor deportivo sin ser a la vez un buen gestor del interés social en su conjunto.

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