Discursos políticos subtitulados

La Voz de Galicia
Domingo 02 de enero de 2011

La imparable y cada vez más creciente penetración de los nacionalismos excluyentes en la vida nacional está originando una práctica televisiva que consiste en emitir la imagen de los políticos hablando en la lengua de su comunidad autónoma con la consiguiente subtitulación en castellano. En esto, los políticos de esas comunidades autónomas son tratados, tal vez para regocijo de algunos, como si fueran extranjeros: se subtitula en castellano su discurso político, que ellos pronuncian en una lengua diferente.

Pero entre los políticos extranjeros y los nuestros hay una diferencia esencial: estos conocen perfectamente el castellano, que es el idioma oficial en todo el territorio español. No estamos, pues, ante el caso de alguien que no puede expresarse en la lengua que entendemos todos, porque la desconoce, sino ante una persona que elige de un modo consciente y voluntario el idioma en el que se dirige a los demás.

No puede formularse el más mínimo reproche al acto de libertad en que consiste escoger la lengua en la que uno va a comunicarse con los demás. Se supone que cuando algún político interviene públicamente es para dar a conocer su parecer sobre los asuntos de que se trate. De tal suerte que parece lógico presumir que existe alguna relación entre la naturaleza del asunto y el idioma elegido para la intervención. Con esto se quiere decir que, si se trata de hablar sobre un tema cuyo interés no trasciende al ámbito de la comunidad autónoma de que se trate, se comprende que el político de turno hable en la lengua propia de esa comunidad.

Las cosas parece que deberían ser distintas cuando lo que quiere el interviniente es dirigirse a la generalidad de los ciudadanos españoles o a los de un ámbito más amplio que el de su idioma. No tiene ningún sentido que hable en una lengua que solo la entienden los de su comunidad. Si un conferenciante que habla español e inglés sabe que en su auditorio todos lo entienden en español y solo algunos en inglés, no puede sorprenderse de que se le acabe vaciando una buena parte del auditorio si da su conferencia en este último idioma.

Si se conecta, pues, el idioma elegido con el ámbito de difusión del discurso, el hecho de que un político hable en el idioma de su comunidad debe ser interpretado en el sentido de que su interés es ser entendido en ese ámbito territorial: está hablando para los de ese territorio que entienden el idioma en el que se expresa. Y si no se expresa en el idioma que entiende la generalidad es porque ese no es el auditorio al que se dirige. Interpretar que al hablar en el idioma de su comunidad busca que lo entiendan todos, es lo mismo que creer que al conferenciante que escogió el inglés le interesaba llegar a todos los asistentes.

Si lo anterior parece razonable, ¿tiene sentido subtitular en español el discurso del político autonómico que, pudiendo expresarse en el idioma común, habla en la lengua de su comunidad? Si para que todos lo entendiéramos le bastaba con hablar español y no lo hizo, ¿por qué nos va a interesar a los demás entender su discurso?

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