Curso acelerado para hacer carrera política

La Voz de Galicia
Domingo, 27 de enero de 2008

En la Voz de Galicia del pasado 22 de enero se publicó una noticia con la siguiente entradilla “no estudie: hágase político”, que, cuando menos, resulta sorprendente. Se refería a la nota de presentación de un curso acelerado de 60 horas para hacerse diputado, senador o político. A cambio de los 2.500 euros que cuesta el curso, se ofrece a los alumnos la formación necesaria para desempeñar estos cargos, indicándose a modo de señuelo que, de ocuparlos, se abre la puerta para obtener altos salarios, viajar en primera y disponer de la tarjeta “visa oro”.

A pesar de que pueda parecer exagerada, la nota publicitaria de la academia respeta la verdad. Aunque desconozco por completo la formación que se imparte en el curso, puede afirmarse que tras 60 horas de preparación es posible llegar a ser diputado, senador, u ocupar un cargo político de similar relevancia. Y cabe realizar esta aseveración porque para ocupar uno de estos cargos políticos no se requiere ninguna titulación ni preparación especial, ni realizar curso alguno, sino simplemente tener la condición de elegible, ir en la correspondiente lista y que te voten en la medida suficiente los electores. Y claro está, una vez elegido diputado o senador se puede acceder a las ventajas materiales que menciona la academia.

Llegados a este punto, lo fácil sería proseguir con una crítica demoledora de un sistema, como el que tenemos, que no propugna simple y llanamente el acceso de los más preparados a los cargos políticos. Pero no es éste el camino que voy a seguir porque, en mi opinión, más que el sistema, lo que importa es su funcionamiento.

En efecto, un sistema como el actual permite, y esto me parece muy conveniente, que la composición de los órganos democráticos representativos sea lo más parecida posible al universo de los ciudadanos representados. Si en España convivimos  ciudadanos con muy diferentes grados de preparación, habiendo incluso algunos –por fortuna cada vez menos- que carecen casi por completo de ella, no debe descartarse ab initio un sistema que hace posible que los representantes puedan tener el mismo grado de preparación que sus representados.

Otra cosa es, en cambio, el funcionamiento de los sistemas de acceso a los cargos políticos. Aquí sí que me parece que debe preconizarse que el sistema funcione de tal modo que evite una excesiva profesionalización de la política. Sobre todo, cuando son los menos preparados los que, una vez que han llegado, tratan de vivir para siempre de ella. Porque, aunque no lo parezca, también en política puede llegar a haber “polución”: aire viciado que  desprenden los que no han tenido más ocupación que la política.

Y es que necesitamos aire fresco: ciudadanos que lleguen a la política no para insultarse o para ensimismarse en problemas que poco importan a los demás, sino para que se dediquen a resolver los de los ciudadanos que vivimos en el olvido de los del montón.

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