Cetáceos varados y reforma de la enseñanza

La Voz de Galicia

A mediados de este mes se produjo el varamiento múltiple de veintidós cetáceos (concretamente, calderones) en la costa del norte de Galicia. Aunque no se conoce con exactitud el motivo por el que tales grupos de mamíferos marinos dan en arena, suele indicarse que es por la fuerte cohesión que existe entre los miembros del grupo que siguen al que hace de guía aunque los conduzca a la muerte.

A principios del presente mes se hicieron públicos los resultados en los 22 países de la OCDE del Programa Internacional para la Evaluación de la Competencia de los Adultos (en el que participaron 6.055 españoles de entre 16 y 65 años), que arrojó unos resultados sonrojantes. Ocupamos el penúltimo lugar en comprensión lectora (solo superamos a Italia) y el último lugar en comprensión matemática.

Pues bien, permítanme que me sirva del triste suceso del varamiento de los calderones para reflexionar sobre la reforma de la enseñanza que pretende conseguirse por la nueva ley (Lomce), recientemente aprobada por la mayoría absoluta del PP en el Congreso de los Diputados con el voto en contra de toda la oposición.

La nueva ley presenta, entre otras, las siguientes novedades: introduce evaluaciones externas al final de secundaria y de bachillerato (las antiguas reválidas). Prevé tres modalidades de bachillerato: Ciencias, Humanidades y Ciencias Sociales y Artes. Sustituye la asignatura de Educación para la Ciudadanía por otras que transmitirán formación en valores. Hay una apuesta por la formación profesional, con la creación del título Formación Profesional Básica y la flexibilización del acceso a los grados medio y superior. Hace efectivo el mandato constitucional de que todos los ciudadanos tienen el deber de conocer el castellano y el derecho de usarlo. Y, finalmente, considera a los profesores autoridad pública, disfrutando de la presunción de veracidad.

En una aproximación desapasionada al problema de la enseñanza, sorprende que estas medidas, o al menos buena parte de ellas, no estuvieran implantadas desde siempre. Suponen, a mi juicio, una apuesta por la exigencia, el esfuerzo y la enseñanza de calidad, y es muy probable que nuestra deficiente capacitación, comprobada indubitadamente por la OCDE, se deba a no haberlas adoptado desde el comienzo mismo del actual período democrático.

Hasta ahora, el Partido Socialista nos ha conducido, a modo de cetáceo-guía, por el océano de la enseñanza, abocándonos a un enojante encallamiento formativo. Con la nueva ley, el Partido Popular intenta ofrecer un nuevo camino hacia el mar de la capacitación. Los que nos han llevado al fracaso educativo no solo se oponen a la reforma de la enseñanza, sino que nos amenazan con que cuando vuelvan al poder derogarán la Lomce. Si lo consiguen, volverán a vararnos en la playa de la ignorancia. Espero que entonces no se atrevan a vendernos que fue en defensa de políticas progresistas.

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