Los retiros del poder

La Voz de Galicia

Los lectores de La Voz conocen el rigor, la altura intelectual y otras cualidades del profesor Otero Lastres. Las disfrutan en sus frecuentes artículos en estas páginas. Además de esos méritos, el profesor tiene una amplia biografía de la cual la caprichosa actualidad acaba de rescatar el capítulo más curioso: ha dado clases al todavía presidente señor Zapatero y al futuro, señor Rajoy, además de ser maestro del rey. Quiere decirse que el poder actual lleva dentro sabias enseñanzas de Otero Lastres, aunque sus viejos alumnos no siempre lo consiguen demostrar.

Pero el profesor tiene, además, cualidades proféticas, porque, como también se recordó, le anunció a ZP hace casi veinte años que sería presidente del Gobierno. Eso sí que tiene mérito como vaticinio, aunque muchos ciudadanos no se lo perdonarán. Por ejemplo, un usuario de Internet que le envió este recado: «Pues ya se pudo meter la lengua en otro sitio». El personal no es que sea poco indulgente con Zapatero. Es que seguramente piensa que si Otero Lastres no le hubiera vaticinado eso, a lo mejor no le hubiera despertado ilusiones de poder y confianza en sí mismo para pelear por tan sacrificado puesto.

Todo esto ocurrió cuando el presidente condecoró a Otero con la Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort, o algo así, que me pierdo ante tan altas distinciones. Y Zapatero echó mano de su amplia cultura para no desmerecer y nos anunció su próximo trabajo en palabras de Gómez de la Serna: «El mejor destino es el de supervisor de nubes acostado en una hamaca y mirando al cielo». Es la mejor definición que hizo en todo el tiempo que lleva en política, aunque también irritó al personal: una señora llamó a la radio a denunciar que a los mortales nos retrasan la jubilación, y los dioses se retiran en plena juventud. Y la opinión publicada ha sido cruel, porque le han dicho que el oficio de supervisor de nubes es el único para el que está preparado. ¡Pobre Zapatero! Llega una etapa en la vida en que lo mejor es callar, porque las palabras son armas que se cargan contra quien las dice.

A mí, sin embargo, me gustó. Este país lleva años sin saber qué estatus dar a sus expresidentes, una vez descartado el exilio. La pregunta surge y resurge cada vez que Felipe anuncia el apocalipsis europeo o Aznar pone en aprietos a Rajoy. Como nadie encontró una respuesta, después encontramos a uno en el consejo de administración de Gas Natural haciendo ironías sobre la entrada de Pemex en Repsol, que es la competencia. Y encontramos al otro contando los desastres de España en foros internacionales. Zapatero ha resuelto la cuestión: supervisores de nubes. Sale más barato y le evita muchísimos problemas al país

Fernando Ónega

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